Esta nueva entrega de La Pregunta debe versar sobre el tiempo inmediato, en curso, para menguar el desagrado de nuevas y abruptas sorpresas; debe parecer parte de una serie interminable, pues el tema de la Patria es eterno y, por consiguiente, su atención ha de ser fluida y permanente.

Tales fueron mis reflexiones inmediatamente después de lo ocurrido en ocasión del zarpazo que se lograra esquivar, sólo eso, que estaba programado para ser perpetrado en Marraquech, Marruecos.

Ya vimos cómo naufragó la traición al no poder darle la extremaunción a la República allí, cuando todo parecía tan bien preparado desde Panamá, luego de un tiempo de rondas sucesivas a las cuales se asistiera con penetración de topo y sigilo de serpiente.

Se quedaron, pues, “comprados los vuelos y reservados los hoteles” y es previsible que se llegaran a asustar al comprobar, quizás por primera vez, que una cosa es “llamar al maligno caballero aquél y otra cosa es verle llegar”. 

El pueblo nuestro, en verdad, se encrespó y dio claras señales de que si se firmaba en Marruecos el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, los dominicanos tendrían una de sus típicas reacciones, ya frente a  la maquinación mortal que aquella trampa gris encerraba.

Pero bien, en la entrega precedente dije que la traición no desistiría, que sólo había simulado tolerar un ejercicio de arrepentimiento activo, algo que en la técnica penal más sólida y permanente se reputa como ineficaz para eliminar el crimen, ya que éste, aún no consumado, queda en fase de tentativa, que es considerada como el crimen mismo.

Y es que la aprobación primaria de Panamá no fue un simple acto preparatorio, sino un acto de ejecución, que sólo lo pudo contener la presión popular que se hiciera presente anunciando calamidades graves como respuesta airada al atentado antinacional.

En definitiva, no hubo desistimiento voluntario sino un simple compás de espera que en la tenebrosa lógica de la traición y en su iracundo encono no ha dejado de ofender al propio Presidente de la República, porque columbró las magnitudes del percance que hubiera resultado de la ratificación en Marruecos y los trastornos posiblemente irreparables para la paz nacional, con ruina insondable para sus instituciones.

Ahora bien, se ha reanudado el peligro y no ha tardado en aparecer la actividad aleve de la traición y ya se habla de un nuevo pacto que vendría a sustituir, de forma agravada, los daños terminales planeados para la ratificación en Marruecos.  Me refiero al Pacto Mundial sobre Refugiados.

Lo primero a considerar en esta fase es que la lucha por la independencia sigue confrontando el mayor peligro, que se mantiene redivivo; por lo que hay que ser más estricto y diligente en el cuido de la soberanía; que lo que se debe enfrentar, de momento, es que se pretenda cambiar de domicilio a la vileza, es decir, mudarse del Pacto Migratorio de Marruecos a New York para aprobar el otro señalado más arriba.  

Ocurre que en lo de New York se alberga una especie de máscara de hierro y ternura, pues se trata de refugiados, no de inmigrantes del mundo, protegidos por el palio de décadas que ha ido tejiendo la ONU para atender a esa desgraciada falencia de la humanidad.  Se habla de refugiados por razones económicas, catástrofes naturales, guerras y hundimientos irreversibles de carácter ecológico y se ha de encargar de entenderse con ello el ACNUR de ONU. 

Nuestros precedentes han sido funestos en el trato con esa rama operativa de ONU, siempre que se retengan las acusaciones de carácter mundial que nos hicieran desde Noruega y otras partes como un Estado odioso, de población xenófoba, persecutora, supremacista, generador de Apatridia.

Nosotros, ciertamente, hemos estado padeciendo una invasión masiva de una población sobre nuestro territorio luego de aquella campaña diabólica de resblandecimiento de nuestra honra ante el mundo; nosotros hemos tenido que padecer, además, un gobierno infiltrado profundamente por la traición, que terminara por animar y estimular las avalanchas en aquellos spots televisivos del portal mismo de la presidencia donde se proferían expresiones nefastas de: “Ven pa’ca”.  “No te quede’ allá, aquí ‘tá mejor”.

Se logró con ello elevar la presencia de ilegales a un nivel asfixiante de más de millón y medio de invasores inducidos que supuestamente vendrían a trabajar, desalojando a los nuestros del empleo.  Trabajar se decía, no deambular por las calles y caminos de ciudades y campos en forma tan masiva y preocupante que la sociedad nuestra ha terminado por ser llevada a presenciar prácticas y costumbres inconcebibles, como lo son la satisfacción de necesidades fisiológicas como la defecación en lugares públicos.  Asímismo, hemos tenido que padecer la reducción del acceso pleno a los servicios de salud y educación de nuestros atormentados y carentes, que también son millones. 

Creo que tal vez el Sudán del Sur o Somalia puedan ofrecer una tragedia de pobreza y arrasamientos tan desoladoras como la de Haití.  El Expresidente Clinton en su brillante autobiografía, Mi Vida, le dedicó once menciones en once páginas diferentes de las 1,114 que contiene el libro.  Voy a transcribir sólo algunos párrafos, entre las decenas que tiene, para reflejar lo decisiva que ha sido la participación de esa figura pública tan importante del mundo y con ello poder entender mejor cuanto ha ocurrido, y ha estado a punto de ocurrir, como hecatombe nuestra.  Veamos: 

“Página 583: Cuanto tomé posesión del cargo teníamos una perrera llena de ruidosos mastines, con Bosnia y Rusia a la cabeza, aullando a todo volumen, y algunos más, entre ellos Somalia, Haití, Corea del Norte y la política comercial de Japón, gruñendo en segundo plano…”

Más adelante, dentro de un párrafo mayor, dice:

“Pag. 690: “Aumenté las sanciones económicas contra Haití a causa de la permanente persecución, asesinato y mutilación de los seguidores de Aristide, por parte del teniente general Raoul Cedras. Nombré a Bill Gray jefe del Fondo Escolar de Negros Unidos y expresidente del Comité Presupuestario del Congreso, asesor principal mío y de Warren Christopher sobre Haití.  Y Paula Jones me demandó.  En una semana de lo más habitual.”  …

“Pag. 713:  En septiembre, la crisis en Haití llegó al límite.  El General Cedras y sus matones habían intensificado su reino del terror, ejecutaban a niños huérfanos, violaban a mujeres jóvenes, asesinaban a curas, mutilaban a gente y dejaban los cuerpos en medio de las calles para aterrorizar a los demás y destrozaban los rostros de las madres con machetes, en presencia de sus hijos.  En aquel momento, ya llevaba dos años tratando de alcanzar una solución pacífica y estaba harto.  Hacía más de un año, Cedras había firmado un acuerdo para traspasar el poder, pero cuando llegó el momento de irse sencillamente se negó. “Era hora de echarlo, pero la opinión pública y la tendencia del Congreso eran contrarias a esa idea.  Aunque el Caucus Negro del Congreso, el Senador Tom Harkin y el Senador Chris Dude me apoyaban, los republicanos se oponían firmemente a cualquier acción; la mayoría de demócratas, incluído George Mitchell, pensaba que trataba de arrastrarlos a otro precipicio sin el apoyo  de la ciudadanía ni el apoyo del Congreso. Incluso había una división interna en la administración.  Al Gore, Warren Chirstopher, Bill Gray, Tony Lake y Sandy Berger estaban a favor.  Bill Perry y el Pentágono estaban en contra, pero habían preparado un plan de invasión por si yo daba orden de atacar…. El 16 de septiembre, en un intento de última hora de evitar una invasión, envié al presidente Carter, a Colin Powell y a Sam Nunn a Haití para tratar de persuadir al General Cedras y a sus seguidores en el ejército y en el Parlamento, de que aceptaran pacíficamente el regreso de Aristide; Cedras debía dejar el país. Por distintas razones, todos se mostraban en desacuerdo con mi decisión de utilizar la fuerza para devolver el poder a Aristide.  Aunque el Centro Carter había supervisado la arrolladora victoria de Aristide en las elecciones, el presidente Carter había desarrollado una relación con Cedras y dudaba del compromiso de Aristide con la democracia.  Nunn estaba en contra de la vuelta de Aristide hasta que se celebraran elecciones parlamentarias porque no confiaba en que Aristide protegiera los derechos de las minorías si no existía una fuerza de compensación establecida en el parlamento.  Powell pensaba que solo el Ejército y la policía podían gobernar Haití y que éstos jamás colaborarían con Aristide.  Como los acontecimientos posteriores demostraron, había algo de razón en sus afirmaciones.  Haití estaba profundamente dividido, económica y políticamente; no poseía ninguna experiencia democrática previa; no había clase media como tal y tenía una escasa capacidad institucional para gestionar un Estado moderno.  Aunque Aristide volviera sin complicaciones, quizá no lograría gobernar. …”   

“Pag. 748 se lee: Mi decisión de devolver el poder a Aristide, en Haití, también era impopular, ….” 

Y finalmente un último párrafo de la página 888 que dice: 

“El último día de Septiembre asistí a la ceremonia del John Shalikashvili y le entregué la Medalla Presidencial de la Libertad.  Había sido un soberbio presidente de la Junta de Estado Mayor, había apoyado la expansión de la OTAN, la creación de la Asociación para la Paz y el despliegue de nuestras tropas en más de cuarenta operaciones, entre ellas Bosnia, Haití, Irak, Ruanda y el estrecho de Taiwan.  Yo había disfrutado mucho trabajando con él.  Era inteligente, iba al grano cuando hablaba y estaba completamente comprometido con el bienestar de los hombres y mujeres que vestían uniformes. Nombré al General Hugh Shelton para que le sustituyera, pues me había impresionado la forma en que había llevado la operación de Haití…”

Las citas precedentes serían siempre una muestra nimia de su interés por Haití, al cual volviera años después de su presidencia desempeñando las poderosas funciones de representante personal del Presidente Obama.

Ahora, cuando se está por firmar el Tratado Internacional sobre Refugiados bajo impulso de ONU, a escala mundial, lógicamente se incluyen normas de control protectivo y regulatorio de los refugiados, y seguramente no aparece un caso tan especial y  complejo como el de la República Dominicana en el este de la isla de Santo Domingo, que ha tenido que sufrir desde el tiempo colonial, luego del Descubrimiento, siglos de conflictos incluyendo la dejación bipolar de una España decadente, así como el enorme poder del Rey Sol Luis XIV, quien dos siglos después del Descubrimiento alojó en la parte oeste de esta isla la nueva colonia, propiciando la concentración de todo el drama de las islas menores del Caribe, concentrando toda la tragedia de la esclavitud llevada a cabo por las durezas ignominiosas de las potencias colonizadoras de entonces.

Ahora vamos al grano:  Siendo Haití el más desventurado y pobre, al menos en la América, y uno de los más carenciados del Mundo, bastaría un solo brote de su violencia inveterada que, sumada a la aterradora desertificación de sus suelos, vendrían a ser causales para organizar derrames inauditos de poblaciones de millones de refugiados, bajo control y dirección de la ACNUR de ONU.  Penosa tomografía de nuestro destino.

Es más, cuando se quiere demostrar la frialdad de los cálculos para la destrucción del Estado Dominicano también hay que citar de nuevo al Presidente Clinton cuando le hizo aquella fatal propuesta al Presidente Balaguer del establecimiento de cuatro campamentos de diez y nueve mil refugiados  cada uno, brotados de los sucesos políticos que se estaban produciendo en Haití en ocasión del derrocamiento del Presidente Aristide.  Balaguer se rehusó con mucha determinación y respondió: “Háganlos o levántenlos de aquel lado. Es ese un asilo territorial inadmisible que destruiría nuestra Soberanía.”

En su autobiografía Clinton le reserva al Dr. Balaguer estas líneas nada más:  “ Pág. 739: El 9 de diciembre me encontraba en Miami para inaugurar la Cumbre de las Américas, la primera reunión de todos los dirigentes del hemisferio desde 1967.  Los treinta y tres presidentes democráticamente elegidos de Canadá, Centroamérica, América del Sur y el Caribe se encontraban, allí, incluidos el presidente de cuarenta y un años Aristide, de Haití, y su vecino, el presidente Joaquín Balaguer de la República Dominicana, que tenía ochenta y ocho años; estaba ciego y enfermo, pero su mente seguía funcionando a la perfección.”

Pero bien, tenía  ya escritos los párrafos precedentes de esta entrega cuando el pasado domingo apareció en la prensa la importante información de que el Estado Dominicano no firmaría el Pacto Mundial sobre los Refugiados, que sería conocido en la Asamblea General de la ONU a celebrarse en New York el lunes recién pasado.

Me decidí a conservar lo que había escrito y limitarme a ofrecerle  al Presidente Medina un sincero reconocimiento por haber impedido que se consumara  el crimen  de lesa patria, tal como lo acababa de hacer mediante la negativa a ratificar en Marruecos el otro Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular.  Se está con ello saliendo la República de una peligrosa emboscada.  Pero falta mucho por hacer

En verdad, ambos pactos internacionales resultarían mortales para nuestra supervivencia y estremece tan sólo pensar lo que hubiese constituído esa ocurrencia.  Todo ello coincidiendo con el drama escenificado mediante asedio presionante de desarraigados centroamericanos, , tanto de Estados Unidos como de México, con eventuales y gravísimos daños en las tensas relaciones entre estos importantes Estados de Norteamérica, que lucen embarazados ante el fenómeno inusitado de las grandes avalanchas de desposeídos, presionados éstos a emigrar de sus lares nativos por el Crimen Organizado y contenidos por la legítima facultad de rechazarlos, especialmente por el Super Estado al que se anhela llegar como un sueño

Entre nosotros la balcanización inevitable que hubiese podido sobrevenir en la isla de Santo Domingo, también sumada a la explosiva situación de la Región cuando se atisban ominosos signos de conflictos mayores, teniendo a Venezuela como vórtice de una tragedia inmensa de guerra civil, agravada con la eventual presencia de fuerzas multinacionales, resulta sencillamente indescriptible como espanto.

Tan solo imaginarlo sobrecoge.  Es por ello que alentar y felicitar al Presidente Medina es un gesto justo que sirve, además, para hacer un sano provecho de la dramática encrucijada  donde ha tenido que decidir en términos críticos, para que pase a considerar la necesidad de reorganizar  el desorden, restablecer la normalidad en todo aquello que generara  aquel extravío  en la dirección de la política exterior nuestra, que yo no me he cansado de resumirlo en la simple  indicación de que  a Danilo Medina lo hubiera favorecido mucho el uso privativo de la  facultad  constitucional exclusiva ,terminante y expresa para dirigir la política exterior.

Diciéndolo de forma aún más simple: lo válido reside en cuanto expresó en su discurso de La Habana;  sostenerlo y no consentir que eso fuera abrogado por la abusiva audacia de Juan Dolio era su deber. 

Admito, no obstante, que la geopolítica de entonces era muy propicia para hacer y deshacer, aunque alego que ha habido cambios profundos en el poder del Norte y ahora ocurre que nuestros riesgos y necesidades convergen plenamente con las convicciones y acciones de esa potente ojiva de poder de la Geopolítica actual.

Es más, pienso, y quizás con ello me voy muy lejos, en que no se debe negar de antemano la posibilidad de que en ese gobierno aparezcan responsables, no carentes de erudición, capaces de retener la respuesta que le diera el inmenso Presidente Lincoln al secretario Seward, cuando éste medio cuestionaba la capacidad de su presidente para manejar la política exterior.  Aquel gigante lo amonestó de este modo: “En cuanto a Santo Domingo,  estoy  permanentemente atento a los sucesos que ocurren allí”. Se refería, claro está, a la Anexión a España del año 1861.

Presidente Medina, los tiempos nos son favorables.  Anímese a una rectificación profunda de los gravísimos  errores cometidos.  Tenga presente que la historia sólo tendrá interés en juzgarle a usted, pues los traidores de la sombra sólo se merecen el desprecio lapidario de su zafacón de olvido.  Trabaje con móviles trascendentales por la unidad monolítica del pueblo nuestro para salir a hacer la decorosa defensa que merece ante el mundo.

Sabedor de que me excedí en el espacio, agradezco su atención y les pregunto: ¿Creen ustedes, amables lectores, que estoy en lo cierto?

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