La Incertidumbre Social y su Jungla de Móviles II

Tal como apuntara en la precedente Pregunta el título de ambas entregas es merecido: La Incertidumbre Social y su Jungla de Móviles.  Por lo intrincada de la situación nacional es jungla, por lo mucho que se presta para la simulación y disimulación de fines y propósitos, pululan los móviles con una eficacia aleve similar en su penetración a la del estilete.

De ahí la desorientación del  buen juicio como bastón de la verdad; todo  parece volverse humo  y se tornan borrosos los hechos, lo que favorece los trucos de la falsedad.  Es una insidia perniciosa la que enferma la nación

Como me ocurre con frecuencia, al hablar de esas cosas de tal modo, he sentido ecos amables y me complace que sean escasos los broncos de quienes, de un modo u otro, les prestaron atención a mis reflexiones.

Estoy bien persuadido de que escribir, como pensar sobre estas cosas, entraña el riesgo de exponerse a que se le suponga en incoherencia o desvarío.  Porque así son de turbias y densas las brumas en que se urden esas cosas y para llegarles a la médula de sus sombras a veces hay que recorrer caminos que parecen vericuetos; pero, hay que partir, sin apartarse de la idea de que no tienen nada de insular los percances nuestros; son regionales y tienen raíces mundiales escabrosas; algo inédito, en gran medida, para nosotros.

En suma, lo que he perseguido al meditar sobre la situación nacional es desentrañar la verdadera índole de nuestras vicisitudes actuales.  Aconsejar para que pongan atención, pues los peligros son enormes y para enfrentarlos se debe tener plena conciencia de dónde provienen y cómo, una vez establecidos entre nosotros, se han venido manipulando para disiparlos en apariencia.

He creído necesario advertir que los móviles están muy concentrados en los objetivos ya alcanzados por la gran trama antinacional que, en el tiempo favorable que le ofreció la Geopolítica, guiada por el poderoso Norte, logró avanzar hasta la ocupación masiva de nuestro territorio como algo previo e indispensable para rematar el experimento del Estado  Binacional,  que ha sido el macro objetivo final.

Ha de saber el pueblo, no obstante, que las marejadas del poder del Norte no son en los momentos actuales favorables para la navegación de los siniestros planes en su contra; , que sólo se han arriado algunas de las velas del Corsario de la traición, para aguardar que amaine  la tormenta Trump, cuya desaparición se procura  allá, desesperadamente, al grado de que el periódico más importante del mundo se atrevió a hacer noticia  de una supuesta resistencia en la Casa Blanca,  todo en base a lo que se dice en un anónimo contra su propio presidente al cual se le hacen las descalificaciones más degradantes.

Saber, además, que días antes había aparecido un libro de contenido explosivo cuyo autor que se hiciera exitoso por el uso que hiciera de una Garganta Profunda para defenestrar a un presidente americano en aquella famosa experiencia  de Watergate, la cual, si se le compara con las tramas de hoy sólo parece un inocente juego de niños.

Ese libro reciente a que me refiero, sirvió para acusar nada más y nada menos que al Secretario de Defensa  de burlarse y ofender a su comandante en jefe, en privado, teniendo éste que salirle al frente a la intriga y recordarle  su condición esencial de militar obediente a su mando supremo, así como su condición de gran lector, algo que le llevó a decir que ni aún en las lecturas de ficción había encontrado nada parecido a la infamia  del libro.

En fin, el pueblo debe de adiestrarse en la percepción de que los actos preparatorios del impeachment, juicio político, de Donald  de Trump, que está en proyecto, no son  divertidos ni banales como el Caso Clinton-Lewinski, ni como las cintas magnetofónicas de un supuesto espionaje electoral de un presidente candidato, que terminaría por ganar en forma abrumadora su reelección, aunque en poco tiempo se viera en la necesidad de renunciar bajo el acoso del escándalo fabricado.

Lo de Trump es harina de otro costal; es pólvora más gruesa y seca la que se está utilizando, aunque en su caso, preciso es decirlo, podrían resultar imputados quienes le investigan para reventarle.  Algo espectacular que iría más allá de la imaginación más poderosa que pudiere aparecer para un Netflix incomparable.

Me dirían ustedes ¿y a qué vienen esas cosas para ser tratadas aquí?  Vienen por ser parte de delicados intereses nuestros, dado que los peores trastornos y peligros que afrontamos tienen “algunas velas en ese entierro”; porque el impeachment  de Trump se espera por aquí con tanto interés como el de allá, porque dependerá de lo que ocurra allá lo que se podría intentar reanudar y consumar por aquí; cosas que se llegaron a tener como seguras si  ganaba Hillary, que ahora no son viables, ni aún  frente a un Pence alternativo, en razón de las convicciones y creencias que el vicepresidente norteamericano tiene sobre temas sensitivos que abarcan inmigración ilegal, políticas pro vida, aborto, matrimonio gay, etc. y otras muchas convicciones afines a las que ha esgrimido el presidente tsunami.

Parece una ficción divertida tratar esas cosas así, pero es la realidad; es lo que le da verosimilitud a mi tesis de que en el error  de la precipitación de establecer relaciones con China Continental participaron móviles promiscuos en el asesoramiento, entre ellos los más temibles y perversos, que fueron aquellos que pudieron provocar un indispensable alejamiento de la posibilidad de que el presidente volviera a la emoción de su discurso de La Habana y se le ocurriese aprovechar la tormenta Trump para revocar la osadía de Juan Dolio y ordenar rectificaciones heroicas que dejaren sin efecto todo lo logrado por la traición.

Como se advierte, nuestra fatal actualidad no sufre percances ligeros, banales y típicos de nuestras reyertas domésticas; ya somos parte de un campo de batalla, como la que se libra en la región, y si se lograba alinearnos, como en efecto se hizo con el gladiador asiático, que es el más distante, se aumentaría nuestro desequilibrio y ahondaría nuestra debilidad, cosa ésta que  penosamente ha malogrado la oportunidad de valernos de la tormenta para guarecernos en ella de los rigores que se le impusieran a nuestra supervivencia con el beneplácito del globalismo.

El pueblo tiene que estar con los ojos bien abiertos para ver cuánto de falsía hay en experiencia como ésta última:  Almagro viene a animarnos y felicitarnos por lo bien que hemos hecho en lo que él llama nuestra política migratoria; en realidad, está complacido en todo cuanto él vino a exigirnos y por eso nos felicita.  Pero, no hace mucho tiempo el mismo Almagro nos vino a ver y al llegar nos saludó con aquella arrogante expresión de que “era absurdo eso de que pudiera haber dos naciones en una misma isla”.

Ésto, sin olvidar que previamente la mentada Corte Interamericana de Derechos Humanos nos exigió en fallo expreso que pusiéramos de lado nuestra Constitución en todo lo relativo a identidad y nacionalidad.  De hecho, Almagro sembró la ofensa y luego cosechó la humillación que hoy celebra con frío cinismo.

Como se puede presumir, en la región del Caribe somos nosotros un posible escenario balcánico, peor, aún, que el que se estuviera dirigiendo desde la gobernación de la isla a cargo un brillante ex presidente norteamericano que no necesita nueva mención.

Lo de la fusión y el Estado Binacional se vendrá a sumar sensiblemente a todos los posibles conflictos de la guerra comercial entre las dos grandes potencias económicas del mundo y nuestro arriesgado paso de “ponernos al lado de la historia” es previsible que no sólo engendre la espesa incertidumbre de hoy, sino que abra posibilidades abismales de nuevos móviles dañinos que se hará preciso identificar y atrapar en un estado de cosas todavía más intrincado que esta jungla de crispaciones.

Se ha engendrado con este desatino de política exterior un macro-contexto que de muchas maneras servirá para que se activen nuevas modalidades de peligros nacionales.  Por eso expresé al principio que el título de esta Pregunta es merecido.  ¿No les parece?  Al menos, honradamente yo lo siento así.

Ahora bien, es crucial insistir en esos hechos presagiosos y para hacerlo tenemos la obligación de recontar y mantener muy presente los eventos importantes que se han venido colocando como una zapata profunda para soportar el gran peso del desastre de nuestra liquidación.

En nuestro caso, hubo una implicación-eje verdaderamente compleja, y nada sutil, cuando se recuerda el importante discurso del Presidente de la República en la reunión de UE-Celac de La Habana.  El mismo fue sólido y lúcido y resultaba a primera vista  que era una vigorosa inflexión de reafirmación nacionalista mediante  alegatos jurídicos contundentes  capaces de representar  una irreversible  fijación de política exterior que nadie podría retorcer y menos revocar.

Tan sólo en días, sabido es, el discurso quedaba demolido en la reunión de Juan Dolio, en la cual se sintió la dominante doctrina de “la patria nueva de los vivos” y se derogaba “la necedad de la patria vieja de las élites del ’44”.  Todo en presencia de jerarcas haitianos y representativos de las organizaciones internacionales que vinieran sirviendo de parteras de la fusión encarnada en el monstruoso Estado Binacional por nacer.

En verdad, aquella experiencia fue para el patriotismo su más duro revés.  La Geopolítica estaba en el trasfondo con sus imperiosas tratativas y el primer ministro tenía una energía extra, la típica o muy parecida a la del Procónsul y por eso se vio que, al pasar el tiempo, aquellas maquinaciones se tornaron en fatalidades inexorables como la ocupación masiva de nuestro territorio, que ha alcanzado niveles  de agresión grave; un verdadero casus belli, merecedor de respuesta armada mediante actos de guerra defensiva.

Pero nada, la desconsiderada ocupación pasó a ser alentada desde el propio sistema de información del gobierno y el orador emocionante de la Habana permaneció silente como si aprobara la peligrosa humillación.

Continuando con el resumen descriptivo, debo repetir que se produjeron cambios espectaculares en la composición del poder que comandaba la Geopolítica en el tiempo de la revocación de Juan Dolio.  Llegaron al puesto de mando hombres y mujeres para ejercer el poder de Norteamérica, cuyas ideas sobre migración, soberanía, aborto, matrimonio entre gays, muro, droga, crimen organizado, seguridad nacional, terrorismo, son diametralmente diferentes a las de los precedentes gobernantes.

Es decir, cuando se esperaba la locomotora de lujo de Hillary Clinton, llegó un pesado tren de carga paradójicamente pletórico de ideas que, siendo objeto de críticas fenomenales por la comunicación social del mundo, parecen ser del agrado de la Norteamérica profunda que tan decididamente parece estar dispuesta a involucrarse en su proceso político nacional, del cual permaneció ausente durante décadas.  Se trata de una ocurrencia jamás sospechada que tiene al mundo en vilo.

Claro está, para nosotros esos cambios inverosímiles pudieron ser ventajosos siempre que hubiésemos conservado como muy válida la expresión: República Dominicana lo primero, cual si fuera un eco del Norte cuando su presidente exclama: América primero.  Todo bajo una identidad de creencias y conveniencias múltiples y coincidentes entre las nuestras como un pequeño David del Caribe y la del coloso del Norte.

Pensó la traición, ¿cómo evitar la posibilidad de que nuestro presidente pueda emprender rectificaciones profundas de todas aquellas maquinaciones que tanto nos aventajaron?  Fácil, turbarlo aun mas y llevarlo al nuevo error de establecer relaciones exclusivas con la China Continental, en el momento equivocado, precisamente en los días en que estallaba la guerra de comercio mayor de la historia.

Y si alguien quiere invocar en ese planteamiento último cinismo o intriga de mi parte, sólo hay que releer las gracias dadas por la gentil representante de China Popular al despedirse del pueblo dominicano, ¿será fácil convencerse con ello de lo mucho que trabajo el Primer Ministro por impulsar esas relaciones, capaces de generar gratitud de parte de la diplomática que se despedía?  Una verdadera proeza de alta política, en niveles que podría envidiar hasta Maurice Talleyrand, aquel canciller de Bonaparte que en ocasión de su muerte el Time de Londres lo anunciara de este modo: “Ayer murió en París Maurice Talleyrand, tendría sus razones para hacerlo”.

¿Estoy siendo injusto?   ¿Las desgarradoras tribulaciones de la patria no merecen esa severidad cuando se analizan las responsabilidades?

Noten ustedes, finalmente, mi insistencia en acentuar por repetición las situaciones que constituyen el conjunto de conflictos que padecemos.

Por eso me arriesgo para fijar los conceptos cuando describo situaciones tan complejas y me refiero a relaciones con China Continental como contexto; Estado Binacional y fusión como macro objetivo; Trump como evento de tormenta para medio mundo y tabla de salvación desperdiciada por nosotros; fallo del Tribunal Constitucional como eje pacificador de disturbios institucionales previsibles; el discurso de La Habana, la reunión de Juan Dolio denegatoria de su contenido; en suma, un montón inmenso de sucesos; nuevas derivas hacia peligrosos rumbos que encierran la posibilidad de convertirse en la tumba final de nuestra pequeña y amada nación.

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