De redes, gobiernos, genios y libertadores

En las bregas enconosas de la lucha política hay uno de sus aspectos que por desconocer sus efectos negativos se ha tornado en rutina, sin mayor importancia; algo que se da por sabido, como si fuese de la esencia misma de sus ruidosos desencuentros.

Se trata del uso del encargo de provocar enojosas reacciones de aquel, o aquellos, que se asumen como adversarios; es una especie de sicariato moral que hoy cuenta, ya, con medios de ejecución aterradores oriundos de la tecnología digital de punta.

Desde ese litoral infinito de daño se promueven sus ataques y maldades como obra de anónimos enjambres de abejas de piedra, al reproducirse las infamias degradantes sin ningún tipo de control de su origen y de su naturaleza.

Propiamente el derecho de defensa mediante réplica que figuró durante siglos como un justo atributo de la honra ofendida ha desaparecido y aunque ciertamente se pueden  responder las ignominias con la misma velocidad vertiginosa de lo digital, la experiencia resulta muy penosa porque se viene a hacer así una difusión de los reproches que puedan merecer las acciones malvadas, de las que son capaces los sicarios morales, sin que se llegue a tener seguridad de que se pudo formar siquiera un núcleo mínimo de opinión pública idónea, respecto a las bajezas del ataque, así como a la calidad ética de la defensa de la honra de quien lo padece.

Antes se utilizaban para degradar y ofender métodos tradicionales del amarillismo periodístico que sabía engendrar espectaculares juicios penales en el marco de los delitos de palabra y las prevenciones eran tan rigurosas que hasta los propios dueños de los medios resultaban encartables en los juicios, al menos exponiéndose a condenaciones reparatorias de índole civil.

Ya ésto ha ido perdiendo vigencia e importancia porque la opinión pública está profundamente turbada por el pandemónium de insultos y contrainsultos, ataques y defensas que se promueven desde el medio digital y la suerte de la sociedad parece muy comprometida en la desorientación y en la imposibilidad de establecer, conservar, mejorar o, de algún modo, introducir modificaciones en sus tablas de valores.  La permanencia del respeto a éstos propiamente está arruinada.

El asunto es a escala mundial, no hay dudas; pero esto, lejos de atenuar o amortiguar las secuelas de daños, lo que hace es que las magnifica y va llevando a ese delicadísimo estatuto de las pugnas y las mediciones de las conductas e inconductas que puedan servir para las preferencias electorales de quienes habrían de ejercer los mandos, hasta  oscurecerlas; una verdadera jungla de sinrazones, injusticias, calumnias, deshonras, en fin, termina por generar un estado de cosas de enorme peligro para la sociedad mundial.  Sobre todo esparciendo las sombras monstruosas de una desinformación aterradora.

Ésto último resulta así porque al conflicto se le ha comprobado desde hace mucho tiempo que tiene dos velocidades distintas, para el mal y para el bien; el primero, porque tiene proporciones olímpicas en la velocidad; y el otro, el bien, porque es un virtual paralítico para darse a conocer y trascender.

Se dice: la virtud es discapacitada y muy lenta, por consiguiente, para abrirse paso.  El vicio, en cambio, es un espectacular generador de morbo y de atención enfermiza y febricitante, sin importar el hediondo origen que puedan tener sus manifestaciones.

Ahora bien, esa es una dimensión repugnante que ha generado preocupación, de tal modo, que la prensa tradicional se ha puesto en entredicho; hay quienes incluso vaticinan su desaparición porque, a su decir, las redes están concitando una concentración de la atención de los pueblos porque han pasado a ser el anverso de aquellos tiempos en que los editoriales y los artículos sesudos de la prensa eran las más avanzadas brújulas del parecer público.

Y esto está en debate, pues se ha ido generando una inquietud muy extensa de que no se puede renunciar, así por así, a las sanas indicaciones de los rumbos y de los significados de los acontecimientos y sucesos a que nos acostumbrara esa prensa escrita y legendaria.

Sin embargo, desde mucho antes de la inflexión portentosa de lo digital se llegó a temer que los intereses de todo linaje de los dueños de los medios eran los que condicionaban a la opinión pública y que esto podría resultar contraproducente y peligroso.

Fue en ese interregno de sospecha y repudio que hizo su aparición el salto digital, que vino a hacer las veces de un estribo del pueblo para montar ese potro brioso de las informaciones y noticias y poderlas administrar conforme al entender de cada quien, sin regulación predispuesta, ningún control de su carácter fehaciente o de sus fallas graves de verosimilitud.

Ese es el gran debate del mundo de hoy y la verdad es que han aparecido unas variables sorprendentes que les están ofreciendo a los pueblos insumos suficientes para poder alcanzar el adiestramiento social indispensable hacia el uso responsable de la información, tan cargada siempre de vacíos y peligros desconcertantes.

Me refiero especialmente a una experiencia que está en curso, que quizás sea la más espectacular y la menos esperada por la sociedad mundial.  Me explico:

Un hombre desde el alto cargo de la presidencia de la nación más poderosa del mundo, Donald Trump, se arma de un twitter que ha venido a ser su espada para librar un duelo inconcebible, ya no frente a la prensa escrita, sino también frente a la comunicación social más poderosas como la radio y la televisión.

Al asumir el cargo, y desde antes, claro está, manifestó que la sociedad, no sólo la suya sino la mundial, tenía que aumentar la cautela y recelo frente a lo que se ofrecía como verdades inconmovibles desde los medios de la prensa y la comunicación social; que él tendría desde el amanecer en sus manos las posibilidades de hacer conocer sus pensamientos, sus decisiones y todo cuanto su desempeño sensitivo le exigiera para compartirlo al través de las redes con las masas inmensas que hacen uso de ellas.

No creo que se pueda suponer una experiencia más espectacular que esa que señalo y pienso que de su desenlace dependerán muchas apreciaciones, tanto a favor como en contra, de ese desafío que ha aparecido como audaz y temerario, pero que una aliada muy importante como lo es la economía de su país parece que le está dando al Presidente Trump un tipo de contexto de respaldo que, probado está en la historia, siempre ha resultado muy decisivo y convincente.

Pero, todo eso está en suspenso porque se están librando otras batallas en aquella sociedad tan importante, de tal modo que han aparecido confrontaciones y hallazgos en sus disputas cerradas de sectores de poder que a veces lucen tener un parecido con muchas de las insólitas ocurrencias del tercer mundo.

En definitiva, las redes y su uso racional y constructivo es innegable que constituyen un hito brillante de la civilización y que todas esas dimensiones desagradables que se comenta al principio no son capaces de abatir ni de desconocer sus valiosas misiones de progreso para el futuro humano.

Nosotros hemos tenido en nuestro medio algunas pruebas desagradables porque se originaron entregas desde portales digitales de máximo nivel de poder, el del gobierno, que muchas veces lucieron impropios, abusivos, degradantes en términos tales que yo me atreví durante la campaña electoral pasada a calificarlo como una máquina de fango.

Desde luego, se sabía que estábamos estrenando un asesoramiento de marketing político de origen extranjero, brasileño, para ser bien preciso, que vino a resultar funesto porque de muchas maneras se imbricó en niveles muy delicados de nuestro equilibrio institucional y las consecuencias de esa inaudita coyuntura todavía están desarrollando efectos preocupantes.

Ahora aparece una muestra singularmente significativa en ese mismo litoral en cuanto a que se publica como opinión, se supone que personal, del portavoz y director general de Comunicación del gobierno de la República Dominicana, una afirmación acerca de “El Dios Innecesario”, haciéndose eco del pensamiento de Stephen Hawking, en la parte más terminante de su creencia: “Las leyes de la física pueden explicar el universo sin la necesidad de Dios”.  Y reitera el portal después de analizar el Big Bang, dos de sus más grandes aportes a la ciencia con lo que intentó explicar el origen del universo”, agregando: “Ambas, aunque bastante complejas, conllevaron a una conclusión simple y contundente: No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al universo”.

Eso, publicado por un ciudadano común y corriente se explica perfectamente como un ejercicio muy avanzado y respetable del derecho de opinión y no tendría absolutamente nada de censurable.  Pero, que lo suscite un funcionario de un gobierno, cuya misión es la de ser su vocero esencial, es algo más que preocupante, sobre todo, si se piensa que este Estado nuestro se identifica en sus símbolos de bandera y escudo con una cruz, palabras del evangelio y el lema patrio sigue siendo todavía, al menos mientras exista la patria de los muertos, antes de que sobrevenga la nueva patria de los vivos, con la afirmación impresionante de “Dios, Patria y Libertad”.

Desde luego, no voy aquí a cometer la falta de reproducir la reacción del público de las redes frente al atrevimiento de ese vocero gubernamental en su apología a un científico pensador y filósofo moderno, acerca del carácter innecesario de Dios, porque si reproduzco los comentarios estaría haciendo un uso de las ofensas que se han dado como respuesta.  Al tratarse de un desconocimiento tan audaz del Señor, éste que tiene sus criaturas en la tierra fue defendido por éstas en una forma agresiva y mordaz, en términos que él no apoyaría.

Me quiero limitar, para quedarnos en el plano de los genios, con una de las respuestas que se diera por las redes citando a Albert Einstein, quien dijera: “La ciencia sin la religión es coja, la religión sin la ciencia es ciega”.

Así nos quedaremos entre dos genios, Dios de por medio, en manos de todas estas torpezas y trapacerías que vienen creándole al país innecesarias impertinencias.

En estos días, por otra parte, tuve que reirme porque oí por la radio comentarios muy favorables “al gesto heroico” del actual Presidente del Gobierno de España, que al juramentarse ante el Jefe del Estado, su Rey, lo hacía sin prestarlo ante Biblia alguna; dije que tuve que reirme porque he estado comentando en La Respuesta en estos días la experiencia de otro juramento, el del General Jefe de la Seguridad de los Estados Unidos, que al prestarlo se persignara.

Pero, en fin, yo prefiero quedarme respetando la libertad de conciencia de cada quien, en lo personal, aunque no así cuando se insinúa el inconcebible ateismo de nuestro Estado; retener aquello que expresara una figura que para mí representa el tope de la grandeza de los tiempos modernos y los pueblos:  Mahatma Gandhi.

En efecto, los hinduistas mantuvieron frente a él una reserva peligrosa, que incluso sirvió para su asesinato y se le consideraba un “cristiano disfrazado”; lo prefiero a él, el líder espiritual que resultara Padre de la Independencia de la India, cuyo ayuno hacía paralizar ochocientos millones de seres humanos, cuando dijo en una oportunidad:  “Mis relaciones con Cristo han sido excelentes.  Con quienes yo he tenido algunos conflictos es con los cristianos”.  Por ello en la hora en que caía abatido a balazos agredido por un fanático asesino, su expresión fue: “Oh mi Dios”.  El Sermón de la Montaña del Nuevo Testamento pasó a ser la base profunda de su sublime política de la No Violencia.

Cierro estas líneas afirmando: Entre los dos genios, me quedo con Einstein y me ayuda a hacerlo la espiritualidad inmensa del forjador de la independencia de una nación muy importante: Gandhi.

Espero en Dios seguir manteniendo mi fe en Él, al tiempo que me proteja en cuanto al respeto debido a los demás por sus creencias. Amén.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s