Mi estado de ánimo y los esfuerzos por hacer

Alguien en estos días me preguntaba por mi estado de ánimo, cómo me sentía, ante el cuadro de sucesos nacionales.  Quería saber acerca  de la manera de que me valía para hacer  posibles dos esfuerzos de comunicación social,  como lo son La Respuesta  en la televisión y La Pregunta  desde un  blog digital.

Comencé  por decirle que  el hecho mismo de hacerlo así  indicaba la complejidad de los momentos, pues  a mi juicio lo  que menos convenía  al pueblo nuestro era  una saturación de  informaciones de todo tipo, en enjambre,  que le privare aún más de la serenidad necesaria para ir aprendiendo a separar la paja del grano.

En verdad, las reflexiones son hoy más vitales que nunca; no admitir, así por así, afirmaciones y menciones sin antes repensarlas, ya que es mucha la perversidad, de brazos con la ignorancia, la que se expande sin que se pueda saber plenamente de sus propósitos, ni mucho menos de sus daños previsibles.

A ese amigo valioso que me inquiriera le debo las reflexiones siguientes porque estoy convencido de que su curiosidad es la de otros muchos, sana y seria, no cabe duda, hija de preocupaciones comunes.  Veamos mi estado de ánimo:

“La densa incertidumbre que nos abruma es nuestro mayor obstáculo para comprender los alcances de los riesgos nacionales.// Creemos saber ciertamente que nuestra seguridad pública está en una mala deriva, que lo poco que queda del sosiego colectivo se arrima a una paranoia social, en términos histéricos, de pre pánico.//

Sentimos las esencias del ser nacional disolverse en medio de una pérdida de esperanzas que nos va llevando a la tentación de darlo todo por perdido y a la desgracia de rendirnos ante las maldades urdidas.//

Han fracasado los guías de todos los sectores y en medio de las tormentas electrizadas por las asombrosas tecnologías   aumenta sin cesar la desorientación, porque el conocimiento verdadero se espanta y da paso a la información insolente, profusa y dominante, de cuya idoneidad no hay manera de cerciorarse.// La anomia resulta dolorosamente palpable y la degradación no se ha hecho esperar.//  No hay paradigmas a seguir y lo que se improvisa como tal cada vez  más se traduce  como fiasco.//

Ahora bien, pienso, además, que tal estado de cosas desastrosas ha tenido  como misión  tétrica la de servir de caldo de cultivo  y umbral a nuestra desaparición como estado miembro de la “Comunidad Infiernacional”, así como  al colapso de nuestra nación, diluida en el ignominioso descredito que se emprendiera a gran escala en procura de subsumirnos en un esperpéntico estado binacional que vendría  a ser en  el centro mismo del Caribe albergue  de los cálculos, planes  y operaciones del crimen del mundo, privilegiado éste por el acceso al escenario geográfico más estupendo para la distribución y control de los medios  más letales de destrucción de las juventudes.//

Pienso en Tánger, de aquellos tiempos, en el norte de África antes de la tragedia mayor de todos los tiempos, la innombrable Segunda Guerra Mundial; en la Ciudad de las Tres Fronteras de América del Sur,  o en el Kosovo en los Balcanes y su legendario Frente de Liberación Nacional convertido penosamente en un Cartel.// Asumo que ninguno serían citables como lugares de perdición y ambientes de alto riesgo criminoso mayores que este esperpento por hacer en el Caribe como Estado Binacional, que no sería otra cosa que un falso paraíso de maldiciones.//

A mi programa La Respuesta insisto mucho en llamarle “la escuelita”, cuando hago a veces explicaciones para llevar información y conocimiento, especialmente a los más jóvenes. Por ejemplo, cuando cito de la obra FBI: Enemigos de Tim Winner, aquella confesión que hacía un jefe importante de la mafia en el año 1961 en un restaurant de Chicago, dando por cierto que Fidel Castro sería eliminado antes de diciembre de aquel año y cuál era su previsión en caso de que no se diera el plan, es decir, trasladarse a Santo Domingo para allí montar las estructuras básicas de sus hazañas sombrías por venir.  Esa confesión fue grabada y conservada en archivo por la aguerrida Agencia.//

He querido insertar esa cita, sólo como una muestra, para persuadirles de la necesidad de incorporar al análisis de todo conflicto su edad; desde cuándo venía incubándose, porque sólo así se alcanza a ver las magnitudes de los desastres conflictivos del presente; En efecto, lo nuestro de hoy no es súbito, ni se trata de algo que surgió como un acaso inesperado.//

Yo lo sostuve muy a tiempo y aquí va otra muestra de la oriundez de tales peligros.//

Hubo una ocasión, entre las múltiples que he agotado, en que lo hiciera ante un público especialísimo como lo fuera aquel del “Segundo Symposium contra el Narcotráfico Marítimo en el Continente Americano”, en el Hotel Dreams, Bayahibe, La Romana, el 29 de junio de 2010, al cual habían concurrido decenas de Almirantes de Norte y Sur América.   Le quise poner edad al trágico conflicto de la droga y dije:  

Ahora bien, para abordar la explicación de la presencia de un fenómeno tan peligroso en nuestro medio social, he creído lógico usar un método consistente en fijarle lo que yo llamo edad del  conflicto.  Me favorece la encomienda del programa.”

“Ciertamente, nuestro caso es propicio para ponerle una fecha a su nacimiento y seguir esbozando cómo fue su primera infancia, su adolescencia y su terrible capacidad de daños estructurales una vez se hiciera adulto.”

“Se debe de partir de este punto: en nuestro país no se conocía, ni se tenía una idea aproximada, de lo que era la droga.”

“En el tiempo duro de opresión y privación absoluta de libertades públicas, la noción de droga era rotundamente desconocida.  Porque ambos males no suelen cohabitar.  Poco después de aparecer las libertades, las prácticas democráticas y el establecimiento del estado de derecho, fue cuando se comenzaron a insinuar las drogas ilícitas en nuestro medio.  Nacía nuestra infección alrededor del año mismo de 1961 en que se dictaba la Resolución Única de la Organización de Naciones Unidas declarando el narcotráfico Crimen de Lesa Humanidad.”

“En efecto, todo pareció arrancar con mayor fuerza con la presencia de ejércitos extranjeros en nuestro territorio, particularmente de tropas norteamericanas que, al amparo de alegatos injustos, en tiempo de guerra fría, vinieron a contener un levantamiento patriótico en el cual habían coincidido en forma espectacular pueblo y fuerzas armadas, buscando reponer la constitución democrática del año 1963, que había sido desconocida en la loca aventura de un golpe de estado contra un gobierno encabezado por una de las mayores glorias nuestras: Juan Bosch.” (Fin de la cita)

 Observen ustedes que preceden tres menciones de cosas que ocurrieran en el año sesenta y uno  del siglo pasado, a saber: la transición  nuestra hacia la democracia, la Resolución Única de ONU declarando la droga Crimen de Lesa Humanidad y los planes de las mafias mayores por establecerse aquí, si no lograban recuperar a Cuba para sus fines.   El otro año de mención es el sesenta y cinco, que fuera escenario de una inflexión enorme de nuestra dignidad y patriotismo, al tiempo que la ocupación militar extrajera llevaba a nuestras calles por primera vez la droga de consumo para centenares de sus jóvenes soldados, también martirizados por la trágica adicción alcanzada en aquel espanto que fuera el lejano Vietnam.

Lo que me propongo es mostrarles porqué mis esfuerzos de orientación  han debido permanecer lejos de las enconosas riñas de la baja política, ajenos a las sórdidas disputas de poder que tanto han ensombrecido el entendimiento público en cuanto a saber que los abismos son otros y que no podrán salvarse con “la casa dividida” a la que aludiera el  Lincoln inmenso en las horas terribles de su guerra civil.

En las tragedias político-sociales de los pueblos  al examinar sus raíces hay  que llegar a sus cofias y en la nuestra, con mayor razón, porque está de por medio la supervivencia.

Según se puede advertir por todo lo expresado como convencimientos y meditaciones, tengo que admitir que al preparar mi programa televisivo La Respuesta, que habrá de cumplir 30 años en el venidero mes de noviembre, y elaborar cada Miércoles este hermano menor que es La Pregunta, no me resulta fácil poder vaciar en sus exposiciones interactivas todo cuanto está condicionando globalmente mi ánimo.

No niego, sin embargo, que la experiencia me va resultando interesante, porque siendo tan fluidas las circunstancias nacionales es más que obvia la conveniencia de tratarlas, tanto en el fin de semana de pantalla televisiva, como cada Miércoles en blog digital; naturalmente, dentro de un espíritu de complementariedad que les imprima a sus contenidos respectivos coherencia y utilidad para la mejor comprensión de lo tratado, sobremanera, los temas nacionales esenciales.

Soy el productor de ambos esfuerzos y al hacerlo así doy fe de que el generoso público que nos ve, oye o lee se está sintiendo complacido y algunos me han reconocido lo provechoso que les resultan para orientarse, especialmente en los tópicos más complejos que van brotando incesantemente en la vida nacional, sumida como está en esas incertidumbres muy densas que señalo al principio.

Lo primero que aflora en cada elogio recibido para La Respuesta es algo que me honra, al reconocer que no es un ramillete de trinos y banalidades; ésto cuando me animan muchas veces a no desmayar quienes dicen sentirse confiados en que “desde ese programa no se les miente”.

Desde luego, es necesario considerar que un programa de televisión de la edad indicada ha pasado por cientos de momentos en que los temas nacionales han surgido y se han desarrollado en ocasiones muy disímiles, por lo que, al ponderar el programa, lo que debe ser apreciado son sus ejes permanentes; sus características dominantes y, sobre todo, sus móviles y propósitos; atender al servicio de cuáles causas está, sus fines constructivos, su integridad sostenible, su rotunda renuencia al agravio injusto, su manejo cuidadoso del análisis para evitar excesos estériles; su valor para la denuncia y los emplazamientos, sobre todo, su lealtad a la veracidad en procura de no maquinar ni urdir daños, precisamente porque se está al servicio de la buena orientación de la sociedad y muy especialmente porque  mantiene el interés supremo de hablar para “los más jóvenes”, dado que en el trágico horizonte de tragedia que se le ha impuesto a la República serán ellos los que enfrentarán  sus previsibles infortunios.  El día que ellos, los jóvenes de hoy, queden convencidos de que la Patria no se sobrevive, habrá Patria.

Todo eso ha sido la esencia del esfuerzo prolongado de La Respuesta al servicio de la República.  Claro está, no habría espacio razonable para traer y comentar los centenares de temas abordados, ni describir las infinitas controversias en que se ha visto involucrado.

Lo que sí puedo asegurar y confesar es que en ningún otro tiempo de nuestro pasado reciente se han presentado dificultades, riesgos y peligros como los actuales y que ésto ha conllevado la necesidad de que La Respuesta se interne  aún más, como lo viene haciendo, en el examen de estos trastornos mayores que por fortuna se están abordando con enorme serenidad, gracias a la madurez alcanzada en casi un tercio de siglo de luchas azarosas, todas muy aciagas.

¿Se pueden ustedes imaginar mi estado de ánimo en este laberinto de emboscadas, deslealtades, perversidades, abjuraciones y exterminio de nuestros valores fundamentales?  ¿No es posible abrumarse? ¿Los esfuerzos no deben ser mayores, pese a los rasgos de cierta melancolía en quienes aún conservamos la fe?

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