Ambiente Nacional Enrarecido I

La situación nacional se ha enrarecido en una forma muy preocupante.  Se ha presentado una deriva sensibilísima hacia rumbos y ámbitos complejos como los que puede generar el trato pleno y formal con la China Popular, dejando un Taiwán desagradado que  también afronta preocupaciones y trastornos relacionados con su eventual “aislamiento” internacional como Estado.

A ello se agrega, entre nosotros, la aparición de un Informe de inteligencia transnacional relativo al tráfico de drogas, de gran calado y permanente, que tiene como escenario el Mar Caribe, al tiempo que se hace un señalamiento peligroso de interrelaciones entre República Dominicana y Venezuela como ejes fundamentales de tal fenómeno.  Este sesgo escabroso de la Geopolítica Criminal le ha generado a un estado de cosas, que venía de por sí turbado, horizontes borrascosos de imprevisibles consecuencias.

En este último orden de ideas, se trata de un informe aparecido en redes y en la prensa de Europa en el cual una entidad denominada  Insight Crime hace una especie de ejercicio de tesis cuyos propósitos más netos aparecen revelados en los últimos tres párrafos, los cuales se encargan de configurar lo que se persigue con ese análisis descriptivo  del fenómeno criminal que se expone, casi con cierto asombro de hallazgo.

Se afirma en dicho informe, de forma terminante, que la República Dominicana dejó de ser un sitio “de tránsito” y “de transbordo” de drogas, porque ésta se interna en su territorio y ya hay grupos formales de operadores directos de dominicanos que negocian con otras mafias importantes del mundo su venta.  Se aduce que la droga viene de Venezuela, pero que se origina en Colombia y pasa por el Apure  y la Guajira para ser embarcada en  lanchas rápidas que se encargan de transportarla con disimulación hazañosa, pero que una vez almacenada en el país, al parecer contando con apoyo de autoridades, incluyendo el posible nivel político, pasa a ser una actividad de gran envergadura del tráfico mundial de drogas.  Se hace entonces la advertencia, en el referido Informe, de que las fuentes que le alimentaron se negaron a identificar esta última parte del apoyo posible.

Ésto es muy preocupante, sobre todo, cuando en el informe se aduce que la interdicción internacional de drogas tiene cinco expedientes gruesos abiertos.  Decididamente hay que admitir que esta fase de la revelación lo que insinúa es que se podría montar un asedio al poder político nuestro que podría llegar a afectar la propia estabilidad de nuestras  instituciones.

Esto sería catastrófico en unos momentos tan especiales como los derivados de la cuestión del flamante trato con China, sobre todo, si a ello se le agrega un enigmático y prolongado interrogatorio llevado a cabo por oficiales extranjeros en la Fiscalía del Distrito Nacional nuestro, porque el mismo pudiera ser preludio de una “Delación Premiada” que serviría para la acusación de un político venezolano que acaban de investir como Vicepresidente de aquel país, a quien según parece se le ha abierto proceso criminal junto con amigos, familiares y relacionados en Estados Unidos de Norteamérica.

Si la autoridad norteamericana logra elementos probatorios de calidad, es más que seguro que el proceso así abierto se alimentaría con ingredientes de corresponsables dominicanos, cuya identificación a lo mejor ya tienen, a pesar de la renuencia de las fuentes que nutrieron al informe en cuestión.

Si se toma en cuenta la nueva índole de la autoridad norteamericana actual y su posible inconformidad con la cuestión China,  no es descartable que podríamos pasar a ser noticia desagradable en el mundo.

Así las cosas, la cuestión del enrarecimiento de nuestro presente me ha llevado a la necesidad de revisar cuidadosamente todo el material acumulado, tanto en La Respuesta como en la Pregunta, en lo relativo especialmente a mis sanas y acuciantes advertencias al propio Presidente de la República y a toda la clase política respecto a la necesidad de dotar a la República de una defensa cerrada y eficaz frente a tantos peligros y daños propuestos.

Ocurre que es ahora cuando se va viendo mejor el cuadro de riesgos nacionales y por ello enfatizo la imperiosa necesidad de la unidad nacional, pues la “traición” entre nosotros está muy atenta a nuestra destrucción como Estado y no descarto que de algún modo, si no aconsejó, pudo aprobar el error del nuevo trato con la China Continental en lo que parece propiamente nuestro ingreso al alero tutelar de las Brics, ya no por la vía brasileña, sino por la propia China.  No había una oportunidad mejor que ésta para el desacierto.

Ésto último es alarmante porque es lo que el Occidente está resintiendo, según los dictados de sus intereses comerciales; el error de tomar la iniciativa en estos momentos y casi como exabrupto frente a un aliado de setenta años que pudo merecer un trato más considerado y respetuoso se torna singularmente como perturbador porque, tal como refiero anteriormente, también Taiwán está temiendo el aislamiento internacional que lo pueda llevar a la condición de ser una mera Provincia y el centro de gravedad de esa situación conflictiva está en Norteamérica, más que en el Estrecho de Taiwán, quizás por éste.

En fin, para nosotros la problemática actual ha resultado muy enredada y parece que hemos perdido una coyuntura de oro para hacer valer nuestras razones y agravios frente a la administración Trump, que tendría posiciones muy favorables para nuestro drama y para la revocación de tantas iniquidades internacionales cometidas.  Parece que preferimos irnos por la tercera “ruta de la seda” y ahora nos pueden acabar de destruir bajo la reputación de ser puerto libre para el tráfico infame; un real paraíso para el Crimen Organizado mundial.

Volviendo al reportaje de Inteligencia referido, acerca del tráfico de la droga en el Caribe, se debe decir que, en todo caso, se trata de la revelación más severa que se ha hecho en la descripción concreta del papel  desempeñado  por la República Dominicana en la creación de una superestructura, que ya no es una simple y tradicional “ruta de tráfico”; algo que va más allá y se convierte en un escenario geopolítico multivalente, situado en una región geográfica especialmente dotada para servir de centro estratégico  de redistribución de operaciones criminales múltiples, incluso, constitutivo de contexto propicio para las expresiones mayores  del terrorismo que viene siendo el eje de los peores conflictos de la humanidad de hoy.

Al triangulizar el modus operandi entre Colombia, Venezuela, República Dominicana y acentuar  la existencia de estructuras operativas permanentes, muy bien articuladas, para lo cual  ha sido clave nuestra economía, destacándose los puertos y aeropuertos, se está poniendo  de lado la condición de Narcoestado de Haití, que mereció una mención ligera, muy mínima y fugaz en el Informe, al tiempo que se produce una inflexión inusitada  de la importancia de nuestro Estado, se hace muy obvia la preocupación creciente del centro de poder mundial que tiene al Caribe como vientre crucial.

A todo ello se agrega la conflictividad de la política regional y el innegable drama de una Venezuela atrapada entre un asedio económico muy severo y una trágica estampida a  todos los niveles de su  población que sirve  de presagio  de que lo peor está por llegar; no otra cosa plantea el reportaje al enfatizar los nexos de venezolanos  y dominicanos en niveles muy delicados, participando en el fenomenal y peligroso tráfico de drogas denunciado cuyo modus operandi describe con crudeza.

En suma, lo que quiero poner de relieve, ahora, es lo que he venido vaticinando con absoluta precisión desde hace mucho tiempo. En dos de mis actuaciones, una en Washington en el Departamento de Estado y otra en Bruselas, de fechas 27 de mayo de 2010 y 4-5 de junio de 2012, en las cuales pronunciara un discurso y una conferencia respectivamente, en mi condición de Asesor de Políticas Antidrogas de dos Presidentes de la República, expuse el grueso de las circunstancias reveladas en el Informe de Inteligencia reciente con la misma intensidad de su alarma.

Claro está, admito que no me pude imaginar entonces el contexto mundial que sobrevendría: Trump, Maduro sin Chávez, Siria, Irán, Corea, Jerusalén como iniciativa de respaldo y Golán como horizonte de guerra peligrosa, Ucrania y Crimea.  Asimismo, no era posible imaginarse la aparición de lideratos tales como Xi Jinping y Vladimir Putin en capacidad de incidir en forma decisiva para el control del mundo y de sus “espacios vitales”.

Por todo ello es que se puede afirmar que el tiempo nuestro como Estado-Nación está muy enrarecido.  No medir la magnitud de ello y creer que lo que ocurre está bajo control porque “nada nuevo hay bajo el sol” es puro error y cuanto más se ignore esa mutación dialéctica menos se entenderá el papel del Crimen Organizado, abriéndose espacios con sus capitales y sus miedos.

De mantenerse este limbo-jungla nuestro sin definiciones apropiadas, peores serán las consecuencias, de todo orden, que vendrán.

Cabe preguntarse entonces: ¿Qué hacer? En la próxima  entrega de La Pregunta seguiré tratando el explosivo tema con mucha fe en que pueda ayudar a despertar las indiferencias letales que nos abaten.

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