Anticipos de Mis Memorias en el Umbral

Que el libro está en desgracia se oye decir con ominosa frecuencia; que la prensa tradicional está siendo amenazada en su importancia por las vertiginosas redes y ya esto es objeto de discusiones formales en eventos de nivel  académico; que un presidente con el arma de un twitter de cincuenta  y tres millones de seguidores desafía y entabla pelea con la comunicación social llevándola a peligrosas percepciones de obsolescencia e inimportancia,  incapaz de resultar decisiva en la formación y control de la opinión pública.

Todo ello es pan nuestro de cada dia; verdad y post verdad aparecen hoy como la más compleja y crucial contienda y no se han hecho esperar las bregas y preocupaciones por los procesos de desinformación, fake news, la libertad de expresión y el temor por la implantación de controles coercitivos que pudieren privar a la población de la vastísima ventaja que se le ofrece para hacerse cada quien reportero, columnista, editorialista, en fin, dueño del relato social integral y pleno.

Una auténtica tormenta planetaria es lo que está apasionando al presente en términos de vehemencia demencial.  La razón parece más pateada que las pelotas del futbol.  Huele a Babel.

Pues bien, me ha ocurrido que a mis muchos años me he sentido atrapado con las manos llenas de vivencias por contar y los hijos apremiándome para que escriba mis memorias, incluso bajo  la severa advertencia de: “Si usted no da sus versiones serán otros los que las retorcerán  con pretensiones de hacer historia, cuando ya no pueda  refutarlas, ni enmendarlas”.

A tal asedio suelo responder que ya hemos digitalizado cerca de quinientas horas del programa  La Respuesta, que anda cerca de los treinta años; también que se han recopilado más de cuatrocientos artículos periodísticos, decenas de conferencias y ensayos y que el trabajo ahora será concentrarse en llevar todo a libro.  Éste, sometido como está a un creciente menosprecio.

El inconveniente fundamental es que me encuentro aún en medio de la tormenta y no me siento náufrago todavía y lucho sin cesar para que no lleguen a ser náufragos muchos  hermanos de mi pueblo; y en verdad, el tiempo no me alcanza para tanto.

En esas circunstancias es que me animan los hijos a hacerme cargo de relatar mis memorias y llegan a proponerme que las dicte y hable con mis nietos, que ya son parte del asedio.

Uno de ellos, el más joven, el de las inquietudes literarias más precoces, me hizo un razonamiento interesante al decirme:  “Abuelo, está bien que tu tengas artículos, conferencias y tantas horas de televisión, que te darán más de diez volúmenes de testimonios, pero eso va a parar a anaqueles y bibliotecas, y te digo que yo, que leo mucho porque mi  papá me llevó  a hacerlo, noto que los jóvenes cada vez más se inclinan por las redes ¿Por qué tu no  comienzas a darnos adelantos por las redes?”  Ahí tome la decisión de hacerlo en este blog La Pregunta.

En efecto, escogí para iniciar el método de hacer anticipos de mis memorias, una cuestión relativamente reciente que seguirá siendo de vivo interés para la República, la cual traté en una carta que le escribiera a un Embajador norteamericano, cuyo texto transcribo más adelante, a fin de persuadirlo de la conveniencia de darle curso de investigación a una importante ocurrencia delictiva en la cual aparecían comprometidas dos enormes empresas generadoras de electricidad, que cotizan en bolsa y sólo serían verdaderamente ajusticiables en las sólidas jurisdicciones de su país.

En realidad, ese requerimiento no estaba vertido en la carta misma pues ésta se contrajo a darle una especie de lección o reprimenda a su atrevida ligereza de calificar la corrupción como si fuera un vicio inherente del pueblo nuestro.

Donde aparece la cuestión relativa al expediente de Fonper, como querellante frente a las empresas generadoras de electricidad ,es en una querella formidable, la cual yo exhibí y comenté en mi programa La Respuesta, pidiéndole desde éste a ese señor Embajador que me recibiera para hacerle entrega de la misma a los fines de lugar.  No es ocioso retener que ostentaba entonces la calidad de Director de la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DIGEIG).   Veamos su texto:

“AÑO DE LA SUPERACIÓN DEL ANALFABETISMO”.

DIGEIG-2014-479

2 DE DICIEMBRE 2014

 Señor

James Brewster

Excelentísimo Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica

Embajada de los Estados Unidos en la República Dominicana

Av. República de Colombia #57

Su Despacho

 Señor Embajador:

Con la mayor cordialidad le escribo a fin de remitirle como anexo un dvd en el cual figura el contenido del programa La Respuesta que desde hace 29 años produzco en la televisión nacional cada domingo.

El objeto de esta remisión consiste en alcanzar la seguridad razonable de que, una vez llegue a sus manos, quedará en condiciones favorables para persuadirse de la validez de mi interés en hacerlo.

Aprovecho la ocasión, Señor Embajador, para significarle que al enterarme de sus pronunciamientos por ante la Cámara Americana de Comercio, al menos lo que reflejara la prensa, asumí la necesidad de responder públicamente a sus manifestaciones que, pese a ser tan válidas en el fondo, se expusieron a la censura de gran parte de la sociedad nuestra, en cuanto a la cuestión de saber si un Diplomático de su nivel podía hacer los emplazamientos que hiciera.

A mí particularmente me pareció interesante y provechoso, quizás porque pensé que deben de ser de su conocimiento las magnitudes de aquel fraude espantoso, de escala mundial en el escándalo, de ENRON, que era la proveedora mayoritaria de energía eléctrica en su país.  Sobre todo, las secuelas espectaculares que ha tenido aquel caso, tales como son los suicidios de algunos de sus directivos, así como la disolución por Orden Federal de aquel importante Instituto Arthur Andersen, que en el campo de la  Auditoría y la Contraloría universales llegó a alcanzar una reputación enorme.

Es precisamente la idea dominante de mi iniciativa, al invitarle a mi despacho, la de tener un intercambio sobre los esfuerzos que se han venido haciendo en nuestro país para adelantar mejoramientos como los que entraña el ideal del GOBIERNO ABIERTO; sobre todo después de haber tenido experiencias tan válidas en nuestro país como la Iniciativa Participativa Anti Corrupción (IPAC), que durante el año 2010 dirigiera con neutralidad técnica irreprochable la autoridad del Banco Mundial.

Pensé, claro está, en que existiendo, como existe, un expediente de tipo criminal tan impresionante como lo es la defraudación de más de TRESCIENTOS MILLONES DE DÓLARES (cerca de DOCE MIL MILLONES DE PESOS), puesto a cargo de entidades de su país, no había una oportunidad más auspiciosa que ésta para recabar algún tipo de experiencia o auxilio de parte de su Embajada en la tramitación de ese expediente contenido en una querella formidable, que yo le aseguro, Señor Embajador, después de haberla leído con detenimiento, refleja una gravedad mayor que, al parecer, la justicia nacional y el propio Control Externo nuestro, no se han sensibilizado con la misma.  Esto quizás obedeciendo al silencio impenetrable que se le ha impuesto en la comunicación social, casi como un dogma.

Debo decirle, Señor Embajador, en otro orden de ideas, que mi experiencia personal, en ocasión del trato con autoridades importantes de su país, resultó siempre agradable y útil hasta el año 2000.  Es decir, cuando en mi condición de Presidente del Consejo Nacional de Drogas (CND) en el período 1996-2000, tuve oportunidades de altísima frecuencia de coordinar los esfuerzos nuestros con gente de tanta importancia dentro del gobierno norteamericano de entonces, como lo fueran el General Barry McCaffrey y la Dra. Janet Reno, con quienes trabajé intensamente tratando de adelantar esfuerzos en esa otra lucha desesperada que el mundo ha venido librando y que parece que está a punto de resultar vencido por obra de la opulencia devastadora del Crimen Organizado y de su menester esencial del tráfico de drogas y el manejo ominoso de sus capitales ilícitos, que ya hemos visto hibridarse en los circuitos legales con expresiones tradicionales, que sí han tenido riquezas irreprochables, pero que no advierten sus peligros actuales.

Fue a raíz de la experiencia de José David Figueroa Agosto y su permanencia inaudita durante ocho años, a la luz pública, pese a ser un fugitivo de una cárcel de Puerto Rico, condenado a 209 años de prisión, cuando comencé a percibir una innegable reducción en el interés de su gobierno de entonces, en todo lo relacionado a la interdicción de drogas. 

Esa situación se mantuvo hasta el año 2007, tiempo en el cual José David Figueroa Agosto fuera beneficiado, tanto de una revocación inmotivada de solicitud de extradición en el año 2001, así como protegido de algún modo, al grado de que en el año 2007, pese haber sido apresado y declarado Extranjero Indeseable, a fines de expulsión, en tan sólo cinco días de trámite se benefició de una inexplicable y abrupta puesta en libertad, que la sospecha pública se inclinara a entender como obra de poderes no insulares.

Ya antes, había tenido la experiencia de conocer a un distinguido Embajador de su país, el Dr. Charles Manatt, y tuve que pasar por la pena de saber de su muerte, cosa que deploré, particularmente porque no tuvo oportunidad de defenderse de la imputación que se le hiciera en su país en cuanto a haber recibido una importante suma de dinero para evitar la extradición de un capo espectacular, oriundo de Jamaica.

Todas esas cosas, Señor Embajador, me permito insertarlas en esta carta, buscando darle una idea siquiera de las características que han acompañado a mis acciones, tanto en la lucha contra el tráfico ilícito de drogas y sus capitales pecaminosos, como de la propia corrupción, que ciertamente constituye un flagelo devastador de la felicidad pública, según se viene viendo en escenarios tan sensacionales como España y su propio país, que es una sólida y ejemplar muestra de la democracia del mundo.

Créame sinceramente interesado que su trabajo tenga el mayor éxito, pero me permito aconsejarle, propiamente sin conocerlo, que es delicado usar el expediente de la corrupción como un arma arrojadiza que pueda servir para la descalificación de opciones políticas, generalmente inmersas en grandes pasiones y disputas insondables.

Ojalá esta iniciativa que he asumido merezca su atención y el respeto al cual me siento acreedor de parte de una autoridad diplomática norteamericana.

Con sentimientos de consideración y respeto, le saluda,

Dr. Marino Vinicio Castillo R.

Director General de  Ética e Integridad Gubernamental

Anexo: citado.”

 

Ahora bien, donde aparece realmente el contenido grueso del episodio es en el DVD que iba como anexo de esa carta, pues ahí solicitaba una entrevista formal para hacer entrega de esa querella que versaba sobre una defraudación del orden de los trescientos millones de dólares, casi once mil millones de pesos, a fin de impulsar una investigación a cargo de la Exchange Commission de su país, porque las firmas comprometidas en el megafraude cotizan en bolsa y corresponden al control disciplinario que su país mantiene acerca de las prácticas corruptas de sus empresas en el extranjero.

Voy transcribir las afirmaciones mas terminantes de aquel programa para que se advierta la gravedad del emplazamiento. Veamos: (Programa La Respuesta del 30 Noviembre 2014:

“ (min.19:31)  Pero, hay otro factor, la Corrupción….. (min. 20:10) Pero el asunto va tan lejos que el Embajador Norteamericano, que ha estado haciendo visitas risueñas, amables, a los candidatos de oposición, va a la Cámara Americana de Comercio en una de las charlas de miércoles y arremete contra la Corrupción. Eso generó en la semana una especie de revolución en la opinión y las redes y todo el mundo hablando: “…Bueno, los americanos están quejosos con la corrupción”.  El usó mecanismos que yo no quiero repetir, porque si me expongo a repetirlos lo voy a zaherir y no quiero zaherirlo, no lo quiero zaherir. Hay quienes han dicho “eso es verdad lo que El dice, que la corrupción es un fenómeno deletéreo horrible que daña los pueblos y al nuestro también, claro está. Como al suyo, como al suyo, como España, como a todos los estados del mundo. Es un fenómeno mundial contra el cual se viene luchando. Pero no debe de decirlo porque como embajador no debe opinar. Gente de mucho criterio, periodistas y comunicadores muy importantes, dicen: “Eso es una barbaridad. Debió de notificársele que no puede hacer eso y si se expone a ser declarado “non grato” porque Mexico tiene una sensibilidad especial y cuando se produce cualquier cosa, aún venga de un Presidente, como es  el caso del Presidente de Uruguay, se le responde de inmediato. Este hombre no es un gobernador, es un embajador.

Bueno, yo leí en la prensa lo que apareció y dije: “que bueno”. Al contrario de lo que otros pensaron “Que bueno que el embajador tocara el tema”. Yo estoy satisfecho. Embajador Brewster, vamos a hacer usted y yo una prueba. Yo soy Director General de Etica e Integridad Gubernamental de este país, de este estado, de este gobierno.  Usted le hizo una exhortación a los empresarios de que deben salir a señalar a los corruptos; escupirles, creo que dijo alguien en la cara, en la calle. Que si usted estuviera en la situación de ellos, los empresarios, usted haría tal cosa. Pues yo le voy a proponer algo Señor Embajador, Mas sencillo, mas institucional. Yo le invito a mi despacho. Yo le invito gentilmente, pero en esa invitación invito la posibilidad de entregarle a usted documentos muy sensibles, muy peligrosos, donde aparecen compañías norteamericanas participando en fraudes inmensos contra la República Dominicana; esencialmente en el área de la energía eléctrica. Su compañía, la de su país, AES, está incluída en esa querella junto con Ege-Haina, ambas cotizando en bolsa y con negocios transnacionales importantes.

Usted me diría, Señor Embajador, y que competencia tiene usted para eso? La tengo toda, porque el Decreto 486 que nos fija la competencia a nosotros como DIGEIG, ciertamente nos confina para las averiguaciones, investigaciones, recibir denuncias y quejas, hacer recomendaciones sobre debilidades y falencias de los servicios en el área del gobierno central, pero nos manda a darle seguimiento a aquellos expedientes que estén en justicia.  Ocurre que en Fonper se presentó Querella. Que la Fiscalía del Distrito pidió a la Cámara de Cuentas que le hiciera una especie de auditoria o experticio, pero pasan los meses, pasan los meses y duerme el expediente el sueño eterno. En medio de un silencio inmenso, Señor Embajador, porque no se toca el tema; porque el tema es de los amos, de los que llaman en Portugal, ahora que ha sido encarcelado su Ex Primer Ministro Sócrates, los DDT (Dueños De Todo), DDT. De eso no se habla. Es posible que en esa exposición suya, Señor Embajador, en su público estuvieran aplaudiéndole gente que corresponden a un fraude de cerca de 11,000 millones de pesos. Yo al menos a usted le daría seguridad inmediata, antes de que vaya a justicia y que se hagan investigaciones especiales, adicionales, la compra del carbón en Colombia que hizo AES durante 3 años.  5 minas vendían a un precio, 4 a un precio y una vendía a un sobreprecio escandaloso.  Esa que vendía con sobreprecio escandaloso, incomparable con las otras minas, era propiedad de Xstrata, la multinacional dueña de Falconbridge, la explotadora del níquel entre nosotros.  Los precios históricos de la comercialización del carbón de Colombia están muy distantes de los precios que vendió esa empresa a sobreprecio a esa mina de Xstrata, que de algún modo tiene relaciones importantes con AES Internacional. Ahí hay solo hay 1,600 millones de pesos. ¿Por qué no aprovechamos su visita, Embajador, o la del funcionario que usted envíe, para yo entregarle ese expediente, a ver si nos hacen el gran favor de someterlo a la Exchange Commission, que es un elemento de control en su medio, Señor Embajador de estados unidos, y nos viene en pago la devolución de 1,600 millones de pesos, como se hiciera una vez con aquellos 38 millones de la azúcar de Golf & Western. Vamos a hacerlo ahora, Embajador, ayúdennos a luchar contra este fenómeno de la corrupción publico privado….”

El hecho es que no obtuve ninguna respuesta del diplomático y sólo semanas después el Presidente de la República en una reunión de trabajo, en entrevista formal a otros fines, me comentó sonriente:  “Ahí recibí una comunicación del Embajador Americano, pero no le he hecho caso y la mandé a archivar”.  No me dijo nada más, pero, con ello me dejaba informado de que se trataba de una queja que a esta fecha todavía desconozco en sus argumentos y razones.

Cuando salí de aquella entrevista recordé vivamente la actitud del Presidente, valga la digresión, cuando siendo Secretario de Estado de la Presidencia del gobierno de Leonel Fernández respondió en televisión en una forma muy terminante que la petición del gobierno colombiano reclamando mi destitución como Presidente del Consejo Nacional de Drogas (hablo del cuatrenio 96-2000), era inaceptable porque yo “era un funcionario que honraba al gobierno”.  Hubo otros términos solidarios y elogiosos, que no es el momento de citarlos.

Se trataba de una seria revelación que yo había  hecho y que fuera considerada difamatoria por el Embajador de Colombia de entonces, que la Suprema Corte de Justicia se rehusó a emprender su conocimiento, luego de haber yo manifestado que haría la prueba de lo afirmado, mediante el “exeptio veritatis”, utilizando un libro importante de  Alain Labrousse donde se describe lo ocurrido en España en ocasión de dos  solicitudes de extradición simultáneas  de Colombia y Estados Unidos, una por tráfico de cocaína de gran escala y la otra por violación a la Ley de Importación de Toros de Lidia de Colombia.

Esta última prevaleció, desde luego, y fueron devueltos a Colombia dos  capos importantes de los Carteles de Cali y Medellín, cosa ésta que suscitara  el escándalo de un soborno por un millón de dólares al Ministerio Público que organizara la componenda.

Según pareció, este aspecto llenó de pavor a los jueces  que iban a conocer de la querella que se presentara en mi contra por difamación, por aquel Embajador, y tuve que presenciar el espectáculo inolvidable de once jueces del Tribunal Supremo salir en estampida de la sala, dejándome solo en el banquillo de los acusados, frente al Procurador General de la República que permanecía, pronunciando una corta defensa que por desgracia no pudo ser conservada por grabación alguna.

Pero bien, esta digresión sólo la inserto a manera de un avance de mis memorias, y resalto la forma terminante de Danilo Medina expresada en la televisión frente a la exigencia del gobierno de Colombia , ante la solicitud de que se me impusiera el despido como sanción por lo que se consideraba como una manera de ultrajar al diplomático que fungía de Embajador ante nuestro gobierno.

Por la forma firme y categórica que  contestó aquel reclamo de mi destitución, le guardé a Danilo Medina una singular gratitud y por ello pensé que era posible que la carta de ahora, enviada por el Embajador Americano, tuviera también otra solicitud de destitución, por otros motivos no menos graves y que el archivo que le diera el Presidente era confiable y sincero como prueba de respeto y afecto hacia mi persona.

Debo resaltar que luego, cuando me aparté del gobierno, mucho tiempo después, lo hice obedeciendo a motivaciones de índole trascendental, bien diferentes, como lo son las relativas a cuestiones de soberanía, identidad e integridad territorial.  No por otros motivos.

En resumen, el caso criminal aludido terminó resuelto en un ignominioso arbitraje internacional, previo desistimiento de toda acción acusatoria de parte de nuestro Estado; así sobrevino una compensación que pudo ser en justicia de más de 300 millones de dólares, se redujo por obra de un extraño consenso que parecía una boda de conciliación intervenida entre el Fonper nuestro y las dos grandes generadoras de electricidad imputadas tan gravemente, las cuales salieron del entuerto pagando apenas unos 30 millones de dólares.

Así las cosas, ustedes han podido advertir en la carta transcrita otra vertiente muy importante de mis memorias posibles sobre temas tan sensibles como el narcotráfico y la tolerancia inconcebible que a ratos supo dar una misión diplomática norteamericana servida en aquellos tiempos en forma deplorable.

Pienso que mi nieto adolescente me dio el sabio consejo de alojar en mi Pregunta esas anticipaciones.  ¿No les parece?

En otras entregas de futuro veremos cosas en las cuales me tocara ser tanto actor como testigo, que merecen ser llevadas al conocimiento del público en estos tiempos de tormentosos umbrales e incertidumbres.

 

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