Acerca de la Jauría

La jauría es el término que se utiliza en las peores especies de pugnas políticas para atribuir a otros un comportamiento de perros en grupo; el noble animal cuando se arremolina en mala compañía y ataca o persigue resulta muy temible y así como es fiel y solidario frente al amo y sus amigos, se torna terrible cuando se agrupa.

En los primeros días de marzo en mi programa La Respuesta, tratando de la erupción en Perú del volcán Odebrecht, al referirme a Marcelo Odebrecht dije que éste azuzó su jauría y los fiscales peruanos se dieron banquete con las revelaciones de Jorge Barata, quien fuera representante del coloso brasileño de la construcción durante mucho tiempo en Perú.

En efecto, decía que el Presidente de entonces Pedro Pablo Kuczynski, tres expresidentes y la cabeza de la fuerza opositora mayor, fueron señalados como receptores de sumas importantes para su respectivas campañas y contra los mismos se han venido implementando ya  acusaciones  desde distintos ángulos; al presidente Pedro Pablo Kuczynski se le  estuvo preparando un  nuevo juicio político ante el parlamento que él no aguardó y presentó renuncia; al expresidente Toledo, se le ha estado presentando la petición de extradición héchale a Estados Unidos y los refuerzos más terminantes son procedentes de esos aportes de Barata en Sao Paulo; al expresidente Alan García se le interrogó y, según parece, hay ya material ofrecido por la “Delación Premiada” como para involucrarlo, tanto a él como a algunos de sus ministros; el presidente Humala permaneció nueve meses en prisión junto a su esposa y, al parecer, con una dosis extrema para inducirlo a una “Delación Premiada” posible, en otras direcciones; y finalmente a Keiko Fujimori la ponen bajo señalamiento acusatorio en una  virtual cuerda floja.  Como se advierte, se trata de una mortífera erupción del volcán Odebrecht que estremece a todo el continente.

Ahora bien, me ocurrió que al mencionar a Marcelo Odebrecht, ya alojado en su mansión, abandonada su celda carcelaria propuesta para diecinueve años, dirigiendo instrucciones a sus canes en jauría, algunos de mis amigos se confundieron y pensaron que el tratamiento que le daba a ese señor como amo  y a sus feroces  subordinados, resultaba como una queja de mi parte, algo parecido a una inconformidad, quizás una reprimenda impropia para “gente que ha estado prestando un valioso servicio a la sociedad en la lucha contra la corrupción y su compañera de ruta que es la impunidad”.

Nada más distante de la verdad que esa inquietud  de mis amigos; por ello me sentí en la obligación de  indicarles cuanto he escrito en  este blog sobre la “Delación Premiada” de  Brasil, que en Perú  se denomina “Colaboración Eficaz”.  Les pedí  que leyeran cinco entregas de este blog titulados “El Testigo de la Reina I, II, III, IV y V”.

Ahí están descritas a grandes rasgos las características del uso de “El Testigo de la Reina”, de origen sajón, que también se le conoce como “El Arrepentido” en otros medios legendarios en la cuestión penal.

El hecho es que ese instrumento de lubricación de la investigación criminal tiene ventajas, así como peligrosas desventajas; por ello cité en el artículo “Los Papeles de Valachi” como útiles que resultaran para descubrir la existencia misma de la mafia americana.  Por ello apunté el caso de Lula como algo delicado, porque  para evitar que sea presidente del Brasil había que encarcelarlo y ví en ello el objetivo esencial del maremoto judicial surgido.  Me referí a las “Economías Emergentes” que intimidan a Davos y su dominio mundial de la economía.  Pero, particularmente cité la opinión, ya clásica, de un eminente maestro de la prueba, Nicolao Framarino Dei Malatesta, que advirtió desde el principio lo siguiente: “Por fortuna esta hipótesis de impunidad, como premio de las revelaciones, ha perdido toda su importancia en vista de sus peligros.  La promesa de impunidad, más que freno para el delito, por la desconfianza que entre los cómplices inspira, es una incitación al mismo, por la seguridad que da a cada cual el tener siempre abierto el camino para eludir el castigo.  La promesa de impunidad, CONTRATO INMORAL ENTRE LA LEY Y EL DELINCUENTE, además de ser un error jurídico, es un error probatorio; de un lado, incita al delito y corrompe y perturba a la sociedad con la impunidad de un delincuente, que puede ser peor y más perverso; y de otro, destruye todo criterio probatorio, provocando por obra de la ley en la conciencia del acusado un gran impulso hacia las relevaciones falsas”.  (La Lógica de las Pruebas, pág. 239

 En fin, se trata de un tema jurídico complejo que no se puede abordar con la superficialidad  del estridente sensacionalismo del clamor público.

¿Por qué escribo nuevamente sobre estas cosas?  Porque se hace necesario medir los peligros de la “Delación Premiada”, pues se está dando el caso de que en aquellos lugares donde se paralizaron las obras, seguido ésto de expulsión deshonrosa, es donde la jauría ha estado más severamente activa; hay una obvia selectividad en el proveimiento de nuevas declaraciones imputatorias en cascada, bien controladas, filtradas y reguladas.

Y eso es grave  cuando se piensa en nuestro caso, pues ha aparecido una reclamación, tan alta como inexplicable, relativa a un muelle que parece  que fue introducido sigilosamente, con dimensiones y características  más allá de las que fueran objeto del diseño aprobado y licitado, que ya de por sí había levantado un tremendo escándalo  de sobrevaluación, al grado que el propio Jefe de Estado amenazó con no firmar el contrato básico después de la licitación, a menos que se consintiera una rebaja de trescientos millones de dólares, cosa ésta que se admitió,  pero sólo en el monto de  cien millones de dólares.  Me refiero, claro está, a Punta Catalina.

Lo más grave resulta que al aparecer los setecientos millones de dólares reclamados por el muelle solapado, esto habrá de discutirse por ante árbitros internacionales y es más que evidente que jamás tendríamos la libertad moral necesaria para oponernos a tan descomunal cobro.  ¿Por qué?  Porque a la jauría le bastaría decir en instancias, que no son obviamente las nuestras, cosas desagradables que incriminen a gente que manejara los expedientes, desde la aprobación de la propuesta financiera, hasta los términos mismos de la licitación tan gravemente controvertida.

Es más, bastaría con pasarlo a la prensa mundial para que se volviera una catastrófica experiencia de escándalo capaz de desestabilizarnos de forma inaudita.  La jauría brasileña es parte de un virtual estado, muy poderoso, que ahora está “emprendiendo esfuerzos de regeneración ética a escala mundial”.

Ahora bien, todos esos aspectos señalados precedentemente me fueron quedando en el tintero, más bien conservados como material de apoyo logístico a futuras discusiones relacionadas con esta escabrosa experiencia por la que estamos pasando.

Sin embargo, se me ha hecho necesario apuntar algunas de las cosas que han seguido ocurriendo alrededor de los casos ya abiertos, para retener sus características y favorecer con ello el profundo y sostenido análisis de las causas y alcances de cuanto ha venido aconteciendo, propiamente en el continente, a raíz de los escándalos originados en Brasil en los cuales esa poderosa empresa figura de forma primordial.

Lo de Perú será siempre bien especial, pues no sólo ha barrido con sus presidentes, cuatro en total, con su oposición mayoritaria, sino que ahora acaba su Tribunal Constitucional de ordenar la liberación del ex presidente Humala y su esposa, después de permanecer más de nueve meses encarcelados, bajo el exacto y obvio fundamento de que “nadie debe ser mantenido en prisión temporal hasta tanto se produzca el fallo condenatorio definitivo e irrevocable”.    Es más que seguro que esa importante jurisdicción peruana lo sabía desde que resultó apoderada por acción de Habeas Corpus, porque así lo  determina la categoría jurídica  fundamental que reside en la presunción de inocencia.

Entonces, no es exagerado preocuparse y pensar que puede estar de por medio un trato de “colaboración eficaz” con los importantes imputados, que puedan servir para otros fines inculpatorios; ya no es tan difícil imaginar quiénes pueden estar propuestos para echar al agua, que no figuran en los procesos, o dentro de estos mismos, por motivaciones inéditas todavía.

Lula pidió a la justicia de Brasil exactamente lo mismo de los esposos Humala, pero no le fue consentida su petición.  Quizás después de las elecciones de octubre puedan complacerlo, siempre que su Partido de los Trabajadores no ganare, pues si lo hiciere, la libertad vendría por otros medios como lo sería considerar “que su condenación fue fruto de una persecución política”.

Pasemos al  Ecuador y allí nos encontraremos con que, condenado y preso como está su ex vicepresidente Glass, falta  el calvario de Correa.  Ya está siendo propuesto, primero, por haber falseado la relación de deuda pública y producto interno bruto, amén de supuestas ventas petroleras secretas y, luego, algo todavía más grave, como imputación de haber recibido millones de dólares de manos de las FARC; ésto, sostenido nada más y nada menos que por su enemigo íntimo, el actual Presidente Moreno, que fuera durante seis años su Vicepresidente.

En verdad, Ecuador representa un enigma interesante a descifrar, pues la Odebrecht le pidió perdón formalmente por haber sobornado y corrompido a funcionarios importantes, al tiempo que le pedía terminar algunas obras  interrumpidas, y hasta emprender nuevas obras, dado “el esfuerzo inmenso de regeneración moral que asumiera”, una de cuyas pruebas residiría en que había prescindido de todo el personal que llevara a cabo los sobornos por los cuales pedía perdón.  Daba seguridades con ello de que la jauría se había desintegrado y el que no estaba preso estaba bajo acusación.  Vale decir, su misión se contraería a servir en la “Delación Premiada”, según se le habrá de indicar desde la mansión que sirve para la prisión domiciliaria del amo de la jauría, cuyo padre llegó a decir, a raíz de su apresamiento, antes de imponerle los diecinueve años para resblandecerlo, que “habría que construir una cárcel inmensa, tanto en Brasil como en otras partes del mundo”.

Esos son los dos casos más avanzados, después de Brasil.  Luego, llega a la fila de imputados el presidente venezolano.  La experiencia puede resultar singularísima, pues se trata de un “juicio de contenido simbólico” por ante jueces exiliados de Suprema Corte, bajo acusación de una fiscal general también exiliada, que afirma tener documentos de Odebrecht donde se habla de decenas de millones de dólares para la campaña de un líder formidable de América Latina, Hugo  Chávez, cuya memoria era previsible  que, al ser agredida post-morten, ya él no podría  defenderla.

Desgraciadamente sus allegados y sucesores, de distintos niveles y matices, han contribuido para hacer eso posible.

Por otra parte, están ahí con menor desarrollo el caso de la Pemex de México y algunos de Argentina bajo menciones severas.  Colombia por igual, bajo fuego graneado contra su funcionariado y hasta el propio Presidente.

Nosotros, por aquí confrontados a una situación delicada y embarazosa: catorce imputados como funcionarios comprometidos en soborno; un nivel de soborno mucho mayor todavía indescifrado y la gigantesca constructora libre de preocupaciones, más bien arrogante, en condiciones de ejercer acciones de extorsión descomunales que podrían desestabilizarnos de muchas maneras.

Lo peor reside en que la puesta bajo acusación de naturaleza criminal de nuestro Presidente hace las veces de “soga a rastro”; y es obra de la misma gente que escribe páginas plenas celebrando lo que llaman “la devastación del nacionalismo” por obra de encuestas absurdas destinadas a medir presencia y grado de ocupación de población haitiana en nuestro territorio.

Yo escribo sobre este tema lacerante porque advertí y sigo advirtiendo de los peligros que todo ésto entrañaría.  Prevalecieron sobre mis sanos consejos las ambiciones e intrigas de muchos que tienen siniestras tareas que cumplir.  Y la jauría amazónica estará lista para entrar en acción, cuando así lo determinaren sus intereses y ventajas.

 

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