El Acaso y el Hombre

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, acaso es: casualidad, suceso imprevisto, accidentalmente, adverbio de duda: quizás, talvez, adverbio: por si llega a ocurrir o ha ocurrido alguna cosa.

El acaso sabe desempeñar papeles inverosímiles en el drama de las luchas públicas, donde el hombre funge como actor principal muy convencido de que todo cuanto ocurra será obra de su inteligencia, habilidades y pasiones.

La historia se encarga de hacer la prueba de la importancia del acaso, así como de la inútil vanidad de la vanagloria que tanto abunda en las sórdidas luchas de poder. El acaso y el poder van en paralela diseñando el curso de hechos y circunstancias que cuentan con dos cauces, el acierto y el desacierto, naturalmente bajo el acecho temible de los rufianes que son tanto el error, como el éxito. La decisión final estará a cargo de esa implacable señora que resulta la historia.

En la vida de los pueblos esas vertiginosas bregas de poder son las que ofrecen los escenarios excitantes de las peores pugnas; de consiguiente, es ahí donde más abundan los tropiezos y se dan las más desgraciadas celadas del destino: vanagloria o ruina parecen ser los resultados de aquellas disputas entre autistas.

Los valores cuentan sólo con un arrinconamiento seguro, no así los vicios sociales peores, siempre de brazos con la calumnia y la intriga. Luego, de ahí es que salen las mayores mentiras trajeadas de huecas verdades.

No creo que atravesáramos por algún tiempo de nuestra historia en que se manifestaran esas cosas con tanta intensidad. Para poder comprender el fundamento de esa afirmación lo esencial es considerar que lo que hace excepcionalmente peligroso este presente es el ataque a fondo que ha sufrido nuestra propia existencia como Estado.

Vale decir, que los sucesos no se reducen a las típicas pugnas políticas, de todos conocidas, sino de algo mucho más delicado, como lo es el trato formal para plegarse a exigencias de letal envergadura sobre Soberanía, Identidad, Territorio, en fin, la pérdida rotunda de nuestra identidad mediante la incorporación a un ensayo de un nuevo estado en la esperpéntica versión de lo Binacional.

 

Las dos naciones, al fundirse en un solo Estado Binacional, tendrían un gentilicio complejo como lo sería dominico-haitiano, o viceversa, haitiano-dominicano. Aquél de los nuestros que lea esto u oiga de esas cosas podría autobloquearse en el asombro y decir: “No, no, ésto no puede ser cierto; se trata de una tétrica broma; no pueden haber nacido en esta generosa tierra nuestra gente tan malvada que aprobaran y se sumaran a un horror como ese. Me niego a creerlo”.

Y podría darse el caso, siempre que no fuera una agresiva realidad, la que ya no deja dudas acerca de los designios en curso de brutal ejecución. Sólo así se cae en cuenta de forma inequívoca que la trama no es fábula, ni espejismo, sino un repugnante crimen internacional que busca destrozarnos.

Por ello es que los momentos actuales son excepcionales como abismales peligros. He dicho muchas veces en mis advertencias: “La patria no se sobrevive; preparémonos para resistir”.

Y no pocos, con alevosa insidia, nos lapidan con denuestos despectivos. Ya veo que hasta desde el púlpito de Meriño, de Castellanos, de Nicolás, de Tamargo, de Rodríguez Mantilla, de Rubio, la mediocridad de la oratoria sagrada de hoy se dedica al insulto al amor por la patria. Aquella que sólo Duarte soñara y se abriera paso en medio de las guerras, la de la conquista de su independencia y de la restauración de ésta, luchando contra ejércitos más poderosos que las fuerzas nuestras de entonces.

Ahora, cuando ha llegado la hora de los hornos, se están tratando de escurrirse de las afrentas de sus deslealtades y buscan como una inefable sorpresa la lucha por derechos fundamentales de dimensiones mundiales, poniendo de lado al propio Papa Francisco que expresara: “Sentimos hondamente en el corazón que a la madre no se le vende, no se la puede vender…y tampoco a la madre Patria”.

Como se advierte, no se está en presencia de una vulgar contienda de la política, ni de candidaturas y provechos inmundos de la política. Es la patria de nuestros mayores, la de nuestros hijos, la que está trance de desaparición.

Pero bien, volviendo al principio, ¿Dónde está el acaso? ¿Dónde están los hombres y sus soberbios cálculos de poder? ¿ Qué dirá la historia?

Con esta última pregunta se ha de tener cuidado porque abundan los que no le temen a la historia. Es más, uno de nuestros déspotas, con su sanguinario cinismo de siempre, cuando alguien le advertía que no cometiera uno de esos crímenes porque la historia no lo perdonaría, le respondió con siniestro humor: “No se preocupe, compadre, que esa historia yo no la voy a leer”.

Lo que ocurre es que de este crimen la víctima no es un infortunado disidente del gobierno, sino la madre patria y sus millones de hijos, donde se supone deberían vivir los propios hijos de los traidores y esto pasa a ser un asunto mucho más complicado.

Pero, volvamos al acaso otra vez. ¿Cuál es el que puede estar por obrar en nuestro favor? ¿Cuál es el que puede estar poniendo a prueba a hombres decisivos nuestros para actuar en favor de la patria, aprovechando sus ventajas de acaso? ¿No está ese acaso sucediendo para sorpresa y asombro del mundo? ¿Quién podía sospechar siquiera que el poder mundial experimentaría cambios tan drásticos como secuela de unas elecciones en la democracia más probada y estable conocida?

 

Ya cuando estas cuartillas terminan, siento que debo tocar algo elemental con mayor detenimiento al referirme a cosas, eventos o personas que puedan tener por efecto su identificación como verdaderos acasos. Por ejemplo, Odebrecht, terrorismo, Trump, Narcos, alto empresariado, negocios, etc.

Es obvio que se hace necesario ayudar a la compresión de ésto que propongo y decir: Odebrecht se define ya a escala continental como un terremoto judicial con efectos políticos devastadores que influirán en las luchas de poder de muchas naciones; terrorismo islámico detectado en la región como una realidad temible que será considerada en los centros estratégicos de la Geopolítica más compleja de la actualidad ; el gran capital que confronta la calamidad inusitada de que sus sueños de dominio total en el proceso de globalización no cuentan ya con el agrado de la cabeza del poder mundial y que sus planes de control incesante van a enfrentar contratiempos inesperados.

En suma, todos esos, y otros más, serían acasos que podrían tener entre nosotros consecuencias muy variadas y aquellos que se sienten como semidioses, que pretenden que serán protagonistas de todo cuanto ocurra, harían bien si le llegan a temer a esos acasos que podrían frustrar sus designios y propósitos.

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One thought on “El Acaso y el Hombre

  1. Por qué permite insultos desde Palacio ? # Rodriguez Marchena , # Gustavo Montalvo. ??

    El mié., abr. 4, 2018 8:31 AM, La Pregunta escribió:

    > Dr. Marino Vinicio Castillo R. posted: “Según el Diccionario de la Real > Lengua Española, acaso es: casualidad, suceso imprevisto, accidentalmente, > adverbio de duda: quizás, talvez, adverbio: por si llega a ocurrir o ha > ocurrido alguna cosa. El acaso sabe desempeñar papeles inverosímiles en el > d” >

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