Trump y la Naturaleza de su Compañía

En las últimas semanas al tratar el sensitivo tema de nuestro presente no he cesado de aludir a una situación que se está desarrollando en Norteamérica que viene copando la atención del mundo de forma asombrosa.

El Presidente Donald Trump es el personaje más atendido por la comunicación social de la tierra y no para el elogio ni el reconocimiento, sino para denostarlo y despreciarlo de forma inaudita.

Claro, es una bronca gigantesca que el propio Presidente Trump provocó, cuando le aconsejó al pueblo no creer nada de lo publicado, o dicho, por los medios de comunicación de todo género; jamás se ha sabido de un reto tan grave al estamento del cuarto poder que desde hace mucho tiempo se le reputa como el forjador del potente fenómeno de la opinión pública a escala mundial.  La humanidad esparcida por todos los continentes y las islas de todos los mares no estaba preparada para saber que eso podría ocurrir.

Lo más que pudo saber fue que existía una política de alcances mundiales, llamada globalización, que sería llevada a cabo por intereses y Estados muy poderosos que al través del comercio se encargarían de dominar y controlar más de medio mundo.  Pero que apareciera un hombre tan temerario que desafiara a esos propósitos retando a la prensa y con ella a sus dueños con un twitter en las manos, nunca pudo imaginarlo el azorado mundo de hoy.  La crispación de todos es algo incontrovertible; y se esperan las cosas más inverosímiles como posibles sucesos de envergadura apocalíptica.

Pues bien, con inmutable modestia he escrito y hablado del fenómeno Trump de forma tal que resulta contracorriente.  Me ha parecido que este hombre de verdadera excepción lo que viene haciendo no es otra cosa que poniendo el dedo enérgico de su impetuoso carácter sobre llagas que se vinieron sacralizando, pese a ser expresiones de un relativismo que diera paso a aberraciones indescriptibles que tienen más de señales apocalípticas que las turbulencias que se quieren ver en la presencia Trump en el puente de mando de la nación más poderosa de la tierra.  Trump cree en una política de vida desde la concepción; cree en que su patria es lo primero; que sus hijos no pueden ir al paro parasitario porque así lo impusiera la mano de obra peregrina y mendicante del rezago a merced del lucro insaciable.  Les dice a las naciones “que vayan juntos, pero sin perjuicio de los suyos”; a los organismos multilaterales les ha hecho saber su poca fe en su eficacia.

En fin, Trump subleva las castas de “los más avanzados” que han visto labrar grandes desgracias y desórdenes de guerra y disoluciones, mientras lograban acreditar tantas agendas perversas como paradigmas de una supuesta nueva sociedad, tecnológicamente superior hacia el conocimiento, pero carente de valores fundamentales en tal grado que resulta inútil  proponerla como modelo confiable del futuro humano.

Ahora bien, cuanto he tratado lo he hecho desde las necesidades y peligros de mi patria.  Ha sido el santo egoísmo de su defensa lo que me ha llevado a destacar cómo las cosas que Trump profesa son favorables a nuestras desgarradoras indefensiones.  Especialmente, me he referido a la gente que acompaña a Trump, en cuanto a cómo piensan, en qué creen y cuáles son sus recias convicciones acerca de nociones tales como migración ilegal, cuido fronterizo, droga y seguridad pública; el terrorismo incluido, entre los peores y nuevos riesgos letales de hoy.

Y no vayan a pensar que ignoro a lo mucho que me expongo al revelar esas convicciones.  Conozco la jauría y nunca le he temido, un poco a lo Trump, y cuando algunos  ladinos me hacen saber los posibles menosprecios que  me puedo agenciar, especialmente por mi aprecio y respeto por la condición militar, les digo  que si se revisan cuidadosamente las más aciagas horas de la historia se encontrarán con ellos en muchas de sus luces  y también en muchas de sus sombras son porque ellos son sociedad y pueblo en la misma  forma que creemos serlo los demás, aunque con disciplina y régimen de vida diferente.

No dejo de señalarles a los ladinos que en las oscuras horas de los infortunios comunes terminamos juntos, bien para la gloria, como para el hundimiento de la ruina.

A esos taimados de la jauría les aconsejo para que aprendan y se busquen la biografía de un general norteamericano llamado George Marshall para que sepan cómo, después de haber sido decisivo en las cosas más sensibles de la guerra como Jefe del Estado Mayor conjunto, pasó a ser el hombre fundamental para la reconstrucción de Europa.

Por cosas como esas creo mucho en el papel a jugar por el Ministro de Defensa, de una cultura altamente reconocida, así como en la rectitud y comprensión de un general Kelly acerca de los problemas de la región, particularmente de la isla.

Mashall conocía muy a fondo cómo terminó la primera guerra mundial en la que peleara como un joven capitán; estudió las iniquidades del Tratado de Versalles y sus exigencias terribles a los vencidos para castigarles mediante el pago de compensaciones exorbitantes que terminaron por crear las condiciones para que viniera el otro espanto de la segunda guerra mundial.

Sólo hay que pensar cómo pudieron ceder los intereses de la política y el gran capital el alto honor de denominar aquel plan con su nombre; no olvidar que se habla de la reconstrucción de Europa .

De experiencias de tal envergadura a uno le surge la esperanza de lo útil que podría resultar esa compañía del Presidente Trump que libra la madre de las batallas frente a toda la arrogancia y soberbia de los poderes del mundo. Contando éstos con el obsceno apoyo de legiones de progress que parecen mantener secuestrado todo el saber del planeta, según su propia jactancia, desde luego.

Me limito muchas veces, adrede, a preguntarles a muchos de los sabihondos engreídos si le pueden dar respuesta a preguntas tan sencillas como éstas: ¿Qué  detalle significó para  Francia De Gaulle, tanto en la guerra como en la paz?   ¿Qué representó Eisenhower para su patria tanto en las guerras como en la paz?  ¿Qué significó McArthur en la guerra del pacífico como en la dirección de la dramática paz de sobrevivientes, tan preñada de impenetrables enigmas y dolores?

Ante tantos ejemplos dirimentes podrá detenerme o quizás ir muy lejos por los caminos del porvenir señalando posibles nuevos ejemplos de aciertos de la condición militar envuelta en las turbulencias de las tormentas de la Geopolítica.

Quiero, finalmente, citar otro ejemplo decisivo que sirve mucho para destacar el papel de la condición militar de gente que hay estado o dirigido las guerras:  Es el de Washington, padre de su paria y guía de sus libertades y del respeto a observar la mesura que impone el orden democrático y evitar las tentaciones de los previsibles abusos por eternizarse.

Por todo cuanto en esta defensa he invocado, no espero, desde luego, reconocimiento de mérito alguno.  Mi única satisfacción reside en sentirme en paz con la conciencia de haber cumplido deberes, algo muy desestimado en el presente.  No desconfío ni me desagrada la compañía del Presidente Trump, pues paradójicamente puede resultar más ventajosa para la paz y la independencia nacionales.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s