Nunca la Esperanza es Indigna

La clave para entender el cambio de los hechos y circunstancias nacionales es fijar la atención en lo que viene ocurriendo en el centro del poder mundial.  No olvidar, como periferia que somos, que desde allí en el inmediato pasado se estuvo dirigiendo la gran conjura contra nuestra existencia como Estado.  Se llegó a producir una concentración de propósitos muy adversos y agresivos contra nuestra integridad, que no sólo estimuló a estamentos ultraliberales, bien diversos, de su poderosa sociedad, sino que también impulsó a otros Estados a sumarse a los esfuerzos de reconvertirnos en un Estado Binacional.

No es difícil comprender, entonces, el por qué la insomne traición doméstica se   movilizó, como nunca antes para lubricar cuanto fuere necesario hacia la consumación del odioso crimen internacional.

Mi reacción siempre consistió en señalar que estaba obrando un pacto implícito entre sórdidos designios de Geopolítica, un gran capital cegado por la codicia y el narco internacional; lo de implícito en la calificación del pacto se refiere a que no era algo previamente convenido sino más bien a una confluencia de conveniencias respectivas; cada quien con sus fines propios pero con un objetivo idéntico.

Lo que se impone saber es en cuál de esos actores de la trama se han producido  cambios o mutaciones capaces de diferenciarlo y alejarlo de la misma, porque puedan tener sus responsables ideas y convicciones diametralmente opuestas a las que tenían los que estaban en el puente de mando de la Geopolítica mayor.

Los que hoy mandan en el Norte no sólo tienen ideas  y convicciones providencialmente favorables a nuestra  sagrada causa nacional, sino  que también una de sus preocupaciones mayores de seguridad se encuentra inmersa en las tensiones posibles en su tercera frontera que es el Caribe y su  gente más  experta sabe lo peligroso que se tornaría  el  experimento estrambótico de un Estado Binacional  como escenario de intercambios con áreas donde ya operan  versiones espantosas del radicalismo islámico.

No en vano en el último informe de su Departamento de Estado figuran advertencias del siguiente tenor:

Pequeñas pero significativas cantidades de extremistas violentos de la región se han unido a ISIS. Los países del Caribe cuentan con algunas de las tasas de homicidios más altas del mundo. La creciente delincuencia y la corrupción endémica amenazan la capacidad de los gobiernos para proporcionar seguridad y buen gobierno. También impulsan la migración irregular hacia Estados Unidos. Mientras Estados Unidos trabaja para proteger su frontera sur, debemos prepararnos para el traslado al Caribe de las operaciones de las organizaciones criminales transnacionales como punto de tránsito para drogas, migrantes, armas y otras actividades ilícitas.”

 “En la seguridad, trabajaremos con nuestros socios caribeños para asegurar que se deniegue a ISIS un punto de apoyo en la región, desmantelar las redes de tráfico ilícito, mejorar la seguridad marítima, enfrentar la delincuencia violenta y organizada, y aumentar el intercambio de información sobre amenazas entre los países.”

 LA SEGURIDAD.  En colaboración con los gobiernos del Caribe, fortaleceremos nuestra seguridad nacional mutua y promoveremos la seguridad de nuestros ciudadanos mediante programas de desmantelamiento de organizaciones criminales y terroristas transnacionales, mediante la contención del tráfico y contrabando de bienes ilícitos y personas, mediante el fortalecimiento del estado de derecho, la mejora de la seguridad ciudadana y contrarrestando la vulnerabilidad a las amenazas terroristas.”

“Gobierno, sistemas de justicia y sociedad civil: Reforzaremos las alianzas con los gobiernos y la sociedad civil para prevenir, investigar y enjuiciar el terrorismo; para combatir las redes de financiación y facilitación del terrorismo; para reducir la vulnerabilidad a la radicalización; y para mejorar la seguridad fronteriza. Aumentaremos la capacidad de los gobiernos para investigar y enjuiciar el crimen nacional y transnacional, ayudar a las víctimas, desmantelar las organizaciones criminales y ampliar las opciones de rehabilitación para los delincuentes juveniles.”

Lo descrito precedentemente se refiere a implicaciones muy delicadas e importantes.

Asimismo existen, además, otras consideraciones no menos delicadas, por ejemplo, ellos saben bien lo que significa un apoyo militante y solidario de la “Nación del Islam” al proyecto de fusión de ambos Estados; conocen lo que esa organización religiosa es capaz de asumir como desafío; no ignoran las diferencias de las prédicas de Martin Luther King y las de Malcom X; más aún,  saben del afecto que existe entre Louis Farrakhan y el Ex Presidente Obama, desde el tiempo en que éste era Senador de Illinois.

Los que mandan no son funcionarios típicos de su diplomacia; son hombres que pasaron por guerras; fueron reconocidos por su valor y compromiso con su patria y están muy conscientes de los peligros del mundo de hoy.

Todo se reduce a admitir y comprender que ha habido cambios enormes en el mundo y que nosotros, una vez más, estamos en presencia de algo providencial para poder desarrollar nuestra defensa.

Se me diría que mis posiciones adolecen de oportunismo, incluso degradante, toda vez que esa defensa de la patria de que hablo sólo debe hacerse ofrendando la vida y asumiendo los mayores sacrificios, sin depender de un ilusorio amparo del extranjero que hasta hace poco nos programara para el desastre.

Sin embargo, respondo a ello que la defensa ha de ser siempre proporcional al ataque; que lo que nosotros hemos padecido fue obra combinada, no sólo entre Estados poderosos, sino que éstos contaron con el amparo instrumental del palio de las Naciones Unidas y de la propia OEA.

Así fue. Se convocaron todos los poderes de la tierra para destruirnos, luego de una diabólica campaña de descrédito que preparó el terreno para el sacrificio de nuestra pequeña e indefensa nación.

Así las cosas, cuando aparece este colosal reto que emplaza y desafía a todos los poderes de la tierra no hay ningún grado de indignidad de parte nuestra cuando creemos sentir la Mano de Dios protegiendo a nuestro pueblo.

Lo penoso es que la traición alcanzó tanto poder que se mantiene en una peligrosa beligerancia, al grado de que en una última prueba de silente audacia suscitó el espectáculo de una extraña y misteriosa visita de parlamentarios vecinos para oficializar un beneplácito que en forma oblicua le indique al Norte que nos complace el trato; casi como un reproche a lo expresado por su presidente.

Pero bien, eso lo hicimos, hasta la saciedad, desde el tiempo en que nos co-dirigía un bailarín nudista metido a Presidente de aquel caos histórico.

En suma, este advenimiento de Donald Trump, rodeado como está de gente de prestigio y experiencia innegables, es un aspecto del conflicto totalmente inesperable, que ocurrió para electrizar a todo el mundo, comenzando por el propio pueblo que lo eligiera; y hay quienes tienen la lóbrega visión de ver matices de suicidio en su combatividad; lo advierten en forma frenética, pero es un peleador neto.

Así pues, nosotros no tenemos excusa para no aprovechar esta coyuntura y lanzar una contraofensiva para revocar todo el desastre que se ha hecho con nuestro territorio, nuestra soberanía y nuestra autodeterminación.

Jamás podría haber indignidad en esa esperanza.  Esta, la esperanza, puede ser la sagrada lógica de las naciones débiles que no pueden ver como sus amigos a quienes buscan hundirles y, en cambio, sí pueden agradecer a quienes arrimen el hombro porque comprendan mejor sus infortunios.

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