El Conflicto y sus Tres Ejes

Dando por sabido el significado de los nombres a mencionar, de personajes y lugares, se podría asumir la tarea de analizar el presente político de la región de América Latina y el Caribe.

Brasil: Dilma, Temer, Lula.  Ecuador: Glas, Moreno, Correa; Perú: Humala, Toledo, García, Kuczynski. Venezuela:  Maduro.   Colombia: Santos; República Dominicana: Medina. Panamá: Varela, Martinelli.

Todos esos nombres corresponden a personajes importantes que han desempeñado, y desempeñan, las más altas posiciones de poder en sus patrias respectivas como Presidentes y un Ex Vicepresidente.

No creo que registre la historia ningún otro tiempo en que se produjera un vendaval de vicisitudes tan comunes y simultáneas como las padecidas por esos personajes.

Naturalmente, lo que se asume es que todo lo ha generado un descomunal escándalo en ocasión de las acusaciones de corrupción contra una gigantesca  empresa constructora de Brasil, la Odebrecht, que ejecutó centenares de obras de infraestructuras, de todo género, no sólo en los países mencionados, sino también en otros como México y los Estados Unidos.

Esa es la apreciación más socorrida por la atención pública intensa que ha generado la espectacular difusión de la prensa mundial de algo con características de gran desastre telúrico.

Sin embargo, si bien resulta cierto que Odebrecht ha sido el eje poderoso de ese desiderátum de la lucha anticorrupción de América Latina y el Caribe, no es menos cierto que hay otros ejes, no tan visibles; uno, que ha aportado su silenciosa y muy potente energía para buscar resultados desastrosos para la clase política; y el otro, constituido en una enigmática expresión de poder con repercusiones mundiales impredecibles y obviamente decisivas, dado que comenzó a operar en el seno de la nación más poderosa del mundo, ya bajo una conducción política excepcionalmente diferente a la anterior.

Se sostiene que para evitar turbaciones en la dinámica de los negocios del comercio mundial y en presencia de una abierta disputa frente a las denominadas economías emergentes de otros continentes, las BRICS, el Brasil gobernado otra vez por Lula es impensable e intolerable para los negocios de occidente.

La Gobernanza de proporciones globales, más allá de los gobiernos, evidentemente trabajó en Brasil, no sólo para despedir a Dilma en un Impeachment, sino para  traer a un Temer, sobrecargado de responsabilidades penales por ser dirimidas; pero, también está confrontando dos cruciales inminencias:  La primera: la confirmación del fallo que condenara a nueve años a Lula, en la primera acusación, de nueve que se le han formulado; y la  segunda, las elecciones generales y presidenciales que, según los vaticinios de encuestas, las ganaría irremisiblemente ese líder político imputado, o en todo caso la propia Dilma, si fuere señalada desde el cadalso por ese legendario guía del Partido de los Trabajadores.  Ésto se sostiene ya como verdad de a puño.

Ahora bien, la cuestión de saber lo que está ocurriendo verdaderamente no es tan fácil, pues, hay que considerar, además del eje Odebrecht, ese otro eje de la Gobernanza y reputarlo como el motor profundo que impulsó todo el estremecimiento de tsunami que ha ofrecido la experiencia de corrupción, ya histórica, de la constructora brasileña, sin que se tenga una idea precisa de cuál será la forma de operar del tercer eje, que viene librando verdaderas batallas, a escala mundial, con los intereses más sensitivos y agresivos de todos los tiempos.

Es decir, explicando sólo los efectos de los desastrosos eventos judiciales y de juicios políticos que han sido capaces de despedir a la Presidenta en Brasil, al Ex Vicepresidente en Ecuador y exponer a Perú al vacío de un Kuczynski a punto de ser despedido,  el análisis necesariamente resultará mucho más complejo, porque, en verdad, no hay certeza acerca de las reacciones de ese tercer eje que se originara en Norteamérica; que para muchos ha parecido sólo una ráfaga de excentricidades, ignorancia y desatinos, siendo en el fondo la expresión de un estado de ánimo de una población vastísima dentro de esa superpotencia mundial.

El respaldo de un voto duro en la Norteamérica profunda y una economía en alza haciendo de las suyas frente a tantos pronósticos negativos de los sabios, parecen blindar esa moción de poder, que ya se afirma tiene a medio mundo “patas arriba”.

Y fue visto así al principio, a raíz de su elección, aunque se asumió que todo sería pasajero, pues muy a corto plazo se derrumbaría por obra de la incapacidad extravagante “de un rico tonto e ignaro”.

Reafirmemos que esa economía ha salido en defensa del señalado como inepto y pasajero y pese a que ha desafiado al poder mundial, incluso a su poderosa comunicación social, el hombre parece ser menos pasajero y más bien luce en capacidad de crear nuevas conmociones, acerca de cuya naturaleza existen incertidumbres y pronósticos estrambóticos que reflejan una especie de histeria masiva de los intereses establecidos, que se llegaran a considerar a sí mismos como intocables e inalcanzables, eternamente.

Hay en todo ello un trasfondo surrealista; para imaginar siquiera lo que está pasando bastaría un examen, muy a la ligera, de las intrincadas implicaciones de su relación personal con el mando supremo de esa Rusia rediviva que es parte esencial de las BRICS.  No hay dudas de que lo que se está ventilando no tiene precedentes a la vista de la historia y por ello se cavila mucho hasta dónde puede llegar el fenómeno de poder político de Norteamérica.

Ahora bien, lo que hace más verosímil la fortaleza perdurable de esa noción de poder es el hecho de que ese hombre está acompañado por algunos otros hombres que provienen del litoral militar, ya en retiro; algo inaudito que tiene muy escasos antecedentes, a menos que nos decidiéramos a revisar el paso por el poder de Dwight Eisenhower, a quien se entendió que se le había premiado con dos periodos presidenciales sólo por haber sido cuanto fuera en el liderato de la segunda guerra mundial.

Lo que mueve a pensar de otro modo es cuando, ahora, se recuerdan las advertencias que como legado dejara aquel soldado Presidente a su pueblo en cuanto a que tenía que cuidarse del complejo industrial-militar, ya que es la fuente que puede generar las peores circunstancias para la desaparición de la paz, cuando así lo demandaren sus negocios incalculables que son el armamento y la guerra.

Dicho ésto por un militar que fuera leyenda en la mayor de las guerras, hay que convenir entonces que esos hombres suelen ser muy rectos y confiables, más que los tantos que abundan en la política.

En estos momentos podría estar pasando que un general John Kelly, o un General Mathiss, al lado del Presidente Trump, resulten una garantía mejor de la que hemos conocido proveniente del litoral político.  Y, yendo más lejos aún en el mismo orden de ideas, no es ocioso recordar a Itzjak Rabin  y a Arafat, líderes de Israel y Palestina respectivamente, que al recibir el Premio Nobel de la Paz coincidieron en sus discursos al decir que “por ellos haber guerreado desde la adolescencia podían entender mejor cómo hacer la paz.”

Cosas como esas son las que hacen más difícil el análisis, pues, no se admiten y enoja, tan sólo ponderarlas; algo que viene como reproche seguro desde la insepulta vanidad del poder político que llega a entender que esos soldados ya cumplieron en las guerras y que por eso han sido condecorados; la realidad es que el prejuicio cada vez se hace más infundado.

Se podrían evocar, además, aquellos tiempos en que gobiernos norteamericanos diversos usaban a militares como Vernon Walter y otros pocos como agentes de mediación diplomática, más confiables que muchos encumbrados profesionales y titulares de grandes mandos.

Se vio repetir la experiencia con Colin Powell, como Secretario de Estado y Jefe Militar de altísimo nivel, que resultó más prudente y sabio que los políticos con intereses en Halliburton; muchos de ellos en la servidumbre de Davos; eran los momentos en que se debatía la pertinencia, o no, de la guerra de Irak sobre  aquellos motivos esgrimidos relativos al peligro de la existencia de armas químicas de destrucción masiva. Entonces se le expuso al error maquinado para degradar su prudencia, mediante falsa información en el escenario de Naciones Unidas.

Se puede ver, pues, que al analizar los conflictos regionales ya es indispensable mirar hacia los mundiales y considerar que Trump no está solo y que ha buscado compañía especialmente interesante; por ejemplo, de Mathiss se afirma que es un erudito, así como son muchos los signos de que se trata de gente seria, con méritos acumulados, que pueden tener convicciones parecidas a la que expresara Eisenhower como testamento.

Desde luego, todo ésto no es tan sencillo cuando se dice; bastaría mencionar los lugares de actuales y posibles conflictos; los trastornos en curso o por venir: Ucrania, Siria, Crimea, Irak, Libia, Irán, Venezuela.  Todo ese contexto enredado en los trastornos del terrorismo del Islam radical y, por separado, la comercialización de la droga en niveles de macroestado mundial, que forman como percance un virtual infierno de sobresaltos y temor como el que vivimos.

Y en medio de ese tremedal estamos nosotros propuestos para desaparecer; así de compleja y peligrosa es la situación.

Desde luego, los actuales enigmas nuestros los genera primordialmente Odebrecht, pues, su utilización como instrumento de la Gobernanza mundial puede llegar tan lejos como lo demandaren los intereses del  comercio internacional.  Ello  implica la cacería de Lula y ésto evidentemente está constelado con sometimientos penales múltiples de presidentes y ex presidentes.  Una manera, repito, de contener a Dilma, que desde la cárcel podría resultar la elegida por un Lula  condenado, porque es necesidad vital de un partido gigantesco, el de los Trabajadores de Brasil.

Volviendo a nosotros, es indispensable insistir, al margen del análisis, sobre la cuestión de la unidad nacional para poder alcanzar la conciencia generalizada del peligro que corre nuestra independencia; sólo así, renunciando a todos los prejuicios que nos separan, se podría organizar una resistencia severa, ordenada y eficaz frente a la trama.

Por otra parte, existe un sinnúmero de circunstancias especialísimas que están gravitando, muy torvas, sobre nuestra estabilidad, que ha sido tan severamente atacada por la sociedad civil con dos querellas de carácter criminal en forma sucesiva y una petición de demanda de un juicio político contra el Presidente de la República.

De esas circunstancias complementarias se puede espigar al desgaire otra que podría ser una derivación nociva del proceso de desencuentro que se ha logrado sembrar en el liderato nacional mejor establecido.

En efecto, hemos venido siendo el escenario escogido para la celebración del diálogo entre gobierno y oposición de Venezuela y es previsible que se pueda percibir ésto como una supuesta complacencia con posibles “maniobras” de Maduro, ya que a éste se le acusa de estar esgrimiendo el diálogo sólo como una manera de ganar tiempo.  Así comienzan a aparecer signos de inquietudes de la Geopolítica que ya, frente a Venezuela, ha asumido posiciones terminantes al castigarla en su economía en una forma asfixiante.

Lo anterior podría sugerir que al interés de evitar a Lula como Presidente, por obra de la Gobernanza mundial, se podría agregar el propósito de impedir que Maduro permanezca más tiempo en el gobierno, ésto como obra de la Administración  Trump, como lo fuera también en el tiempo de Obama, preciso es decirlo.

Ese tercer eje no ofrece seguridad de que pueda girar en forma enteramente coincidente en el conflicto regional, especialmente con el eje de la Gobernanza; ésto por las desavenencias que se han venido suscitando entre esa montaña de poder de la globalización y el hombre que se ha atrevido a desafiarla.  El tercer eje puede resultar vertical y arrítmico, no puramente transversal.

En fin, se trata de un ámbito para el cual no ha estado, quizás, debidamente preparado el gobierno nuestro.  Es posible que la amistad personal del señor  Antonio Guterres, Secretario General de ONU, con nuestro Canciller al amparo de su trato en la Internacional Socialista ,abriera esa posibilidad de una mediación, que resultara más eficaz que la que llevaran a cabo los tres Expresidentes,   Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Omar Torrijos.

Se podría suponer, incluso, no sin razones, que la siniestra labor de las intrigas que mantienen al partido de poder agrietado se concentraran en exacerbar el ego enconoso de muchos que detestan al Expresidente dominicano para animar al actual a involucrarse en el conflicto venezolano, sin reparar en las añagazas y riesgos de ese otro ámbito de la Geopolítica.

Ahora es cuando comienzan a vislumbrarse tales riesgos, porque el Presidente nuestro ha asumido un papel, no sin buenos propósitos, que va más allá que el de mero anfitrión, neutral y hospitalario, en un momento en que se quiere esparcir la idea de que Maduro se viene burlando de una oposición muy torpe y dividida.

Como se advierte, en suma, el momento político continental, con el contexto temible de cuanto ocurre y pueda ocurrir en otras latitudes, no se presta para análisis de resultados certeros; hay una especie de componente adivinatorio, tan inseguro como aleve, que a los cristianos nos obliga a ponernos en manos de la misericordia de Dios.

¿Quién se puede sentir capaz de predecir lo que está circulando y por circular en ese laberinto del conflictivo presente?  El tiempo, una vez más, tendrá la última palabra.

 

 

 

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