Mis Advertencias Globales IV

En esta entrega de la segunda parte de mi Conferencia dictada en el “Segundo Symposium contra el Narcotráfico Marítimo en el Continente Americano”, llevado a cabo en el Hotel Dreams, Bayahibe, La Romana, el 29 de junio de 2010, es donde mejor aparece mi esfuerzo por demostrar que ciertamente mis advertencias han sido serias; muchas veces propuestas en escenarios globales sensitivos.

Y ha sido necesario hacerlo, no como alarde ni pretensión jactanciosa, sino más bien como una manera de acreditarlas, las advertencias, describiendo su edad, porque cuanto más anticipadas sean más convincentes resultarán en el señalamiento de los peligros y en la medición de los descuidos sociales en que se ha incurrido, tanto en el medio nacional, como en el propio ámbito de la lucha mundial contra el azote del narcotráfico.

Las sociedades no fueron sensibilizadas a tiempo;  Estados Unidos y Europa tardaron mucho en comprender y reconocer las magnitudes el trastorno y han tenido que reaccionar en desventaja, cuando ya ha ido muy lejos la penetración insidiosa del fenómeno criminal, que sirve de eje esencial a muchas vertientes criminosas que se están manifestando cada vez  con mayor rudeza, dotadas de una insolente capacidad de desafío a los Estados, sin importar los altos niveles de desarrollo económico y social de las naciones más brillantes y poderosas del mundo.

Se trata de que, en la actualidad, en Estados Unidos está en curso un esfuerzo de gobierno colosal contra la criminalidad y se habla de grandes “ciudades santuarios” y se apresan miembros de bandas menudas, así como de las más altas instancias de las mafias tradicionales.  La administración Trump asocia la criminalidad con la seguridad y asume políticas migratorias de agresiva defensa; pero muchos no se dan cuenta, todavía, de que ese conflicto llegó tan lejos por la permisividad y en la forma lábil y cuasi complicitaria que desde hace muchos años la autoridad estatal, protegiendo sus inmensas “ciudades caletas”, y la propia autoridad federal lucieron muy ineficaces en su indiferencia beligerante, buscando “la paja en el ojo ajeno”.  Es por ello que hoy resulta tan chocante revocar ese enfoque complaciente de una desgracia inmensa que mantiene a millones de jóvenes de su población ya atrapados en la epidemia de la adicción.

Lo de México, lo mejor es no intentar describirlo; la catástrofe del poder de sus carteles para domesticar sus centenares de policías estatales y hasta su propio aparato judicial ya ha merecido diagnósticos alarmantes atribuyéndole a ese dominio de espacios de los carteles mexicanos rango de insurgencia.

En efecto, en la obra del periodista de investigación inglés Ian Grillo, encontré más claramente la explicación de porqué México tendría que ir a la militarización que iniciara el Presidente Calderón, que ahora se acaba de aprobar por ley, aunque bajo una recia renuencia de que así sea.

Nosotros, en cambio, tenemos en la Constitución en sus artículos 258 y 260, la previsión de poder usar nuestras Fuerzas Armadas para librar las batallas por venir, pero de ahí parece desprenderse el interés de denigrarlas, y desalentarlas, tal como lo  hicieran en México, usando el incómodo argumento de que el Cartel de los Z emergió de las filas de las Fuerzas Armadas y de sus tropas de más alto entrenamiento.  Ésto agregado a sospechas de un uso indebido para fines políticos represivos.

Pero bien, demos paso a la segunda parte de la conferencia y al final una muy breve reflexión sobre su significado:

“… Sin embargo, no es ocioso apuntar que desde la década de los 80 comenzaron a aparecer voces, muy débiles para ser oídas, advirtiendo del contenido de tormenta que todo aquello podría entrañar hacia un porvenir plagado de sombras.

En todo caso, es oportuno y justo señalar que fue la Comunidad Internacional la que tuvo a su cargo las primeras campanadas de rebato,  Se vio que la Convención de Naciones Unidas de 1988, la llamada Convención de Viena, nos llevó a una legislación interna vigorosa, en la que ciertamente predomina un alto contenido interdictorio y policivo de índole ético-jurídica, que se expresara en forma lacónica con la conocida expresión de Cero Tolerancia, tanto para la posesión y el uso, como para el tráfico comercializador de la droga.  El famoso enfoque unidimensional que ya viene siendo rebasado por concepciones integrales más abarcantes.

Permítanme esta digresión que creo útil.  No hace mucho tiempo, en una conferencia expresa, relativa a la necesidad de una nueva política criminal, tuve que salir en defensa de la Ley 50-88, nuestra ley orgánica.  Puse de relieve la importancia de esa ley al demostrar mediante un examen meticuloso de su articulado, especialmente de los Considerandos que le sirven de fundamento, que ella no ha sido concausa de nuestros trastornos; que los defectos y deficiencias habría que localizarlos en los encargados de su aplicación; y que el recrecimiento peligroso de la insolencia del crimen, frente al demacrado evento penal entre nosotros, no se originaba en carencias de su articulado, sino más bien en una nueva normativa procesal penal hermosísima, garantista en extremo, muy moderna, que el crimen organizado recibió como un estímulo para la sobreseguridad de sus actividades.

Esa ley nuestra, que ya tiene 22 años de vigencia, consagraba no obstante la verdadera naturaleza del fenómeno criminal al describir sus implicaciones internacionales y, lo que todavía es más importante, su alto empeño en reflejar las posibles fatalidades de la salud de nuestra juventudes, en la hora de una caída en el consumo de magnitudes masivas, que es cuanto ha venido a ocurrir en el presente.  Se trata del enfoque médico-sanitario también superado por las visiones más vastas de la estructura criminal multidimensional.

Desde luego, para hablar de tal forma tuve la ventaja de poder  atestiguar que un gobernante nuestro, singularmente dotado para el ejercicio del poder, desechó los motivos y fundamentos dados al proyecto de esa ley, que era una hija directa de la Convención de Viena.   Describí cómo aquel gobernante, a pesar de estar en curso la  tragedia de su no videncia, redactó en forma brillante los altos fines de la Ley 50-88.  Esto es lo que me permite hacer el elogio, 20 años después, de aquel visionario que llegara a una muy avanzada ancianidad gravitando en la vida nacional hasta después de su muerte, relativamente reciente.

Joaquín Balaguer pensó en aquella ocasión cuanto podría sobrevenir; vio hasta muy lejos en el tiempo y por ello le cito emocionado, como un ciego visionario, de sabiduría inaudita.

Ahora bien, ¿cómo han sido esos 22 años transcurridos desde el nacimiento de la ley hasta ahora?

Los períodos de administración de gobierno, que habré de citar, han tenido una estrecha relación con las fluctuaciones del tráfico y consumo de drogas en nuestro medio.   Claro está, debo echar por delante una advertencia en el sentido de que el análisis de esas implicaciones del poder político no debe ser asumido por las limitadas apreciaciones nacionales, o insulares si se quiere, con que contamos.  Ello significa que hay que hacer observaciones, en paralela, de cosas ocurridas en los escenarios fundamentales de la oferta y la demanda de la droga. 

Para nosotros, por ejemplo, resulta indispensable conocer la naturaleza de los esfuerzos contenidos en el Plan Colombia y en la Iniciativa Mérida, puesto que han influido en forma dramática en la agravación de nuestro trastorno, al tiempo que han servido para mejorar el desempeño de la interdicción en las rutas centrales y proverbiales.

Asimismo, es necesario examinar periodos de administración de gobierno, tanto nacionales como en Norteamérica, porque la trama abstracta, contínua y transnacional del crimen organizado, para nosotros resistirla y afrontarla, hemos tenido que depender de la calidad de una Voluntad Política Superior en nuestro medio, conectada con el énfasis mayor o menor (vigente o desvanecido), de cuatro gobiernos norteamericanos que han tenido necesariamente a su cargo tareas de cooperación y asistencia, en algo que yo he definido, con todo el peso jurídico que esto entraña, como una pro-tutela logística.  Con ella hemos podido contar al principio; luego la perdimos considerablemente; y ahora, por fortuna, se le ve reaparecer.

La Voluntad Política Superior se ha de calificar examinando cinco    períodos constitucionales nuestros: 1986-1996; 1996-2000, 2000-2004; 2004-2008 y 2008-2010. 

Retengamos esos períodos de gobierno y pongámosles nombres propios a los mismos:  Joaquín Balaguer, Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Leonel Fernández, otra vez (dos períodos).  Todo esto concierne al irrompible umbilical que ha de haber siempre entre la Voluntad Política Superior y los obstáculos, como con las permisividades del narcotráfico internacional.

Pero no nos detengamos ahí.  Correlacionemos lo nuestro con las versiones de gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica: 1988-1992, Bush padre;  1992-2000, Bill Clinton; 2000-2008, Bush hijo; y el presente 2008-2010, Barak Obama.

En los primeros períodos hasta el año 1996, los propósitos de ambos Estados y sus gobiernos fueron coincidentes y la cooperación que brotaba de esa pro-tutela logística que aludo.  Era una realidad que contribuía a mantener considerablemente estabilizadas las instituciones con responsabilidad en el área y ayudaba a una provechosa grima disciplinaria que luego vimos languidecer durante un tiempo delicado por el alto grado de infiltración de los estamentos nacionales. 

 En el período 1996-2000 se dio una coincidencia brillante de propósitos: Leonel Fernández – Bill Clinton, supieron blindar los  esfuerzos conjuntos más notables.

 El período 2000-2004, gobierno Bush hijo, preciso es reconocerlo, afrontando el hecho tremendo del ataque del terrorismo internacional del 11 de Septiembre de 2001,  descuidó las urgencias de la región del Caribe, en cuanto a nosotros concierne, coincidiendo esa ausencia virtual con una escasa conciencia de la Voluntad Política Superior que nos gobernaba, en cuanto a las complejidades terribles que acarrearía hacerse permisivo con el aposentamiento del Crimen Organizado, como nunca antes.  En esa fase crítica se vio aparecer una especie de miniparaíso. 

Bastarían dos muestras  para hacer prueba de ello:  a) No satisfecho con los vuelos para-comerciales que se realizaron en los primeros tres años del siglo, se terminó por construir una pista de aterrizaje con recursos oficiales para operaciones del narco en una lejana población del sur de nombre Elías Piña; y b)  se le llegó a aprobar un préstamo de doscientos cincuenta millones de dólares que proveería una compañía de nombre La Cruz del Sur Inc., nada más y nada menos que para construir diez mil viviendas de militares, todo mediante contrato aprobado por el Senado de la República, donación de dos mil hectáreas de los predios azucareros del Estado a las Fuerzas Armadas, para que se llevara a cabo el proyecto.  Incluso, se dio la presencia presidencial en el fasto de inicio de la obra en el clásico primer picazo.

Ahora bien, sucedía que la contraparte del Estado Dominicano fue Franklin Jurado Rodríguez, egresado de Harvard, extraditado de Luxemburgo a Estados Unidos, condenado allí a diez años por dirigir las políticas financieras más sofisticadas del Cartel de Cali, en ocasión del derrumbe de la Unión Soviética.

Todo aquello quedó bajo cubierta porque nosotros teníamos 300 soldados participando en la coalición de la Guerra de Irak, que tuvo mucho de patente de corso con el tráfico, como escándalo irrevelable.

En cuanto al período 2004-2008, persistió la ausencia de la pro-tutela logística y del apoyo.  Al regresar al poder Leonel Fernández encontró una situación nacional diametralmente diferente a la que dejara en el 2000.  Recibió nuevamente el favor popular, pero ya teníamos un altísimo grado de infiltración del crimen organizado y sus capitales y muy sensiblemente afectadas las instituciones tutelares del país, garantes del orden público, la soberanía y la integridad territorial.

El esfuerzo para revertir ese estado de cosas es lo que ha estado en curso en los últimos dos años, pero no resultó posible avanzar mucho en el tiempo en el que no teníamos el hombro norteamericano ofreciéndonos su respaldo de otros tiempos.

Período 2008-2010, al llegar la administración de gobierno demócrata del Presidente Obama se hacen palpables las diferencias cualitativas de las actitudes del poder norteamericano en relación a nuestra desgracia.  De ello hay muestras importantes, bien recientes, como las que pudimos comprobar en ocasión de la Conferencia “La Seguridad del Caribe y los Estados Unidos”, celebrada el pasado 29  de mayo en Washington.

Pienso que en la reunión de Washington, que celebráramos en el Departamento de Estado, hubo dos cuestiones que en mi modesta apreciación conmovieron a las autoridades norteamericanas.  Primero: el enorme esfuerzo, más allá de nuestras posibilidades como Estado, de invertir noventa y cuatro millones de dólares en ocho aviones Super Tucano, así como treinta y cuatro millones de dólares en una licitación destinada a adquirir los radares necesarios para nuestra costa sur, tan perforada por los vuelos criminales de la droga.

Nuestro Presidente con ello ha ofrecido una prueba importante de compromiso en la lucha ésta que parece ser tan pareja entre el Estado y el crimen. 

Ahora bien, cuando se quiera tener una prueba de la validez de nuestras quejas, basta citar este dato, y hablo en presencia de gente experta que tiene responsabilidades de mandos navales distinguidos en sus respectivas armadas:  De trescientos cincuenta y cuatro vuelos cargados de droga que se produjeron del año 2005 al año 2008, solo fue posible proveernos apoyo en nueve oportunidades en que se enviaba un helicóptero Black Hawk que tan efectivo resulta para dar apoyo a los cuerpos de task-force que hemos implementado.

En segundo lugar: La otra circunstancia que pudo sensibilizar a la delegación  norteamericana en aquella reunión, fue el planteamiento que hicimos en relación a las magnitudes inconcebibles y desgarradoras de los daños sanitarios que ha recibido nuestra población, fruto de esa desatención inexplicable, que solo sirvió para aumentar nuestras adversidades….”

Ahora bien, se hace necesario reservar las reflexiones finales acerca de esta Conferencia una vez se produzca su quinta y final entrega.

Espero que lo que ya lleva de lectura les haya sido provechoso, dado que la naturaleza del público que oyera tal disertación sirvió para comprobar que a ellos, como oficiales de alto mando en los océanos y el Caribe, les complació sobremanera haber oído y encontrado en esta pequeña tierra señalamientos útiles para sus análisis relacionados con el performance del Crimen Organizado en sus tétricos acarreos de muerte,  quebranto y riquezas.

 

 

 

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