Mis Advertencias Globales II

En la precedente entrega de La Pregunta se transcribió la primera parte de la Conferencia que dictara el 4 de junio del año 2012, en Bruselas, Bélgica, bajo el título de: “Narcotráfico.  Sus hábiles cursos de acción y las políticas públicas regionales”.

El evento fue muy interesante dado que se trataba de la “XVI Reunión de Alto  Nivel del Mecanismo de Coordinación y Cooperación en Materia de Drogas (UE-CELAC”, lo que le daba dimensiones intercontinentales al examen del gravísimo trastorno que padece la humanidad de hoy, como flagelo.

En efecto, dos días después de cerrados los trabajos la delegación nuestra se reunió con dos representativos, uno de máximo nivel, de la Unión Europea, para explorar las posibilidades de organizar apoyo logístico, como la adquisición de equipos para la mar, en fin, evaluar una coordinación provechosa entre nuestro Estado y la Unión Europea.

En dicha reunión se produjo algo que para mí resultó muy significativo, que lo recibiera con el agrado de que no se trataba de un simple elogio, de esos que en un momento se utilizan en eventos de tal naturaleza; y la señora que encarnaba la representación de más nivel de la Unión Europea en dicha reunión como cuestión previa hizo este reconocimiento: “Antes de entrar en mis tareas de esta reunión quiero manifestar la gratitud nuestra por el valioso aporte que hiciera el conferencista (señalándome), pues nos ensenó cosas que no hemos tenido bien percibidas sobre el crimen organizado y el curso de éste en sus acciones en la región del Caribe.  Y agregó:  “No sé si el doctor Castillo tendría alguna objeción, pero creo conveniente que nosotros acá reproduzcamos su trabajo y lo divulgáramos entre aquellos de los nuestros que tienen responsabilidades en este campo.”

A mi me enalteció mucho y es uno de los motivos que he tenido para reproducir el modesto aporte de referencia en esas dos entregas de La Pregunta; se conecta vivamente con mi interés en reclamar mínimamente que sus alcances constituyeron un esfuerzo de advertencia global, pese a que el palio era regional.  Veamos:

“En el examen de una segunda muestra de curso de acción, he sostenido que Estados Unidos de Norteamérica, que mantuviera durante el período de Guerra Fría una activa y sensitiva presencia, más real que virtual, en la vida nacional nuestra, una vez cesaron las temibles tensiones de la ideología, cuando se vio declinar  todo aquello, y se pudo considerar, incluso, que “el tiempo heroico del idealismo revolucionario” había terminado en nuestro medio (que se había ido a los predios de la nostalgia y la reminiscencia), procedió a apartarse y a descuidarse de lo que ha debido de ser un cometido constructivo de fundamental asistencia internacional.

Eso lo he definido muchas veces como la pro-tutela logística, tan útil para poder armar y reforzar la resistencia de un pequeño estado frente al embate de un Crimen Organizado opulento, cada vez más ávido de ocupar espacios vitales y destituir virtualmente al Estado en muchos de sus ámbitos de misiones y responsabilidades.

Ahora bien, para empeorarnos las cosas, Estados Unidos, frente a una problemática tan antigua y compleja como la colombiana, a fines del siglo pasado buscó pactar con sus gobiernos el llamado Plan Colombia.  Asimismo, frente a las urgencias tremendas que planteaba para México la agresiva actividad de sus Carteles del crimen, logró concertar la Iniciativa Mérida.  Ambos programas han conllevado la inversión de recursos muy cuantiosos y nosotros hemos permanecido propiamente inermes en medio de la tormenta del fenómeno criminal.

¿Cuál ha sido mi queja frente a esas dos Iniciativas poderosas en favor de procurar niveles de interdicción de droga efectivos?  La resumo de este modo: Quienes idearon el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida cometieron el muy grave error de no advertir que el crimen tiene dirección estratégica de eficacia considerable que le derivaría hacia la periferia y que en esa periferia estaríamos tres estados con objetivos de crecimiento de sus operaciones: Haití, República Dominicana y el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, con el cual hacemos su tercera frontera en el Caribe Central.

Así las cosas, desde el año 2000 y evidentemente en presencia del gravísimo trauma del 11 de septiembre del año 2001, Estados Unidos, he dicho muchas veces, se fue a sus guerras y no reparó en que nosotros, los débiles del Caribe, seríamos víctimas del arreciamiento del ataque del Crimen Organizado como nunca antes. Algo que ya ha llevado mi inconformidad al colmo de sostener que hemos tenido más bajas sociales que ellos en los trágicos azares de las guerras.

Haití ha padecido, no sólo el incremento posible de esa desafortunada coyuntura de imprevisión que he mencionado, sino que también resultó víctima de un diseño anterior, todavía mas inexplicable y defectuoso, y esto a cargo de la Comunidad Internacional, porque en la hora de decidir su ocupación militar multilateral, sin plan de evacuación, se incurrió en el error de no poner dentro del mandato que las fuerzas de la Minustah  tendrían facultad para perseguir los cargamentos de drogas, pese a que Naciones Unidas fue la autora de la Resolución Única, del año de 1961, mediante la cual quedara la droga reputada como Crimen de Lesa Humanidad.

Se advierte en esta otra fase un curso de acción, más bien impulsado por políticas públicas regionales de gran énfasis, pero imprevisoras.

Desde luego, nuestro caso no ha sido menos grave, bueno es retenerlo, pues pasamos los primeros ocho años de este siglo en un estado de deplorable indefensión y los Carteles de la droga, no solo hicieron un uso creciente e intensivo del tráfico tradicional, marítimo y por la frontera del oeste nuestro, sino que iniciaron operaciones aéreas delictivas.

Los Carteles, claro está, contaron con la benevolencia y la permisividad de un régimen político absolutamente inconsciente y desentendido de tales implicaciones, al grado de permitirles operaciones en puertos y aeropuertos, a veces con normalidad y formalidad de prácticas comerciales típicas.

Ahora bien, una vez aquella permisividad estatal desapareció, aumentaron los vuelos criminales llegando a realizarse MÁS DE QUINIENTOS VUELOS EN TRES AÑOS, como una manera de evadirse de la hostilidad que el nuevo gobierno, que se iniciara en el 2004, comenzara a desarrollar frente a sus operaciones disolventes.

En efecto, se trata de que en el año 2008 el gobierno de mi país, gracias a la cooperación del Brasil, logró obtener el crédito correspondiente para la adquisición de ocho aviones Super Tucanos altamente efectivos, buscando limpiar sus cielos de vuelos criminales y lo ha logrado plenamente.

¿Cuáles siguen siendo los percances fundamentales?  Escogeré uno de ellos: el  tiro libre y los  aterrizajes de vuelos ilícitos en Haití que han servido para que persista la turbación de los mares de Bahamas, South Caicos y la Costa Norte de la República Dominicana, buscando en ésta el movimiento que se puede reflejar en más o menos dos millones de contenedores anuales, que se manejan en sus puertos de gran calado (y un megapuerto de trasbordo trasatlántico), teniendo como trasfondo  las actividades de estructuras lícitas de zonas francas, así como las exportaciones de su producción agrícola.

Sin dudas hemos logrado algún progreso en la resistencia y por eso podemos recibir con agrado una reciente manifestación de aliento, cuando el Comando Sur de las fuerzas armadas norteamericanas acaba de dar un testimonio importante en su revista  orgánica respecto al mérito de la eficacia nuestra al eliminar los vuelos criminales, ya participando en acciones interagenciales. 

Justo es consignar, además, que hemos alcanzado en los últimos tres años niveles impresionantes en la interdicción de drogas en tierra, aún cuando la mar sigue siendo una de nuestras mayores debilidades.

Por todo ello, hay signos, pues, para el optimismo y la confianza de que se está restableciendo la pro-tutela logística norteamericana, especialmente con su auxilio tecnológico en la detección de las trazas de los vuelos criminales.  Esto ha incordiado a los Carteles, de tal forma, que ya están girando nueva vez hacia el oeste, volviendo a Centroamérica, buscando las posibilidades de hacer allí operaciones bajo riesgos menores.

En un evento como éste es donde pienso que se deben decir estas cosas y hasta permitirse algo que no sea un atrevimiento, sino más bien un énfasis reiterativo que merece respeto:  Es necesario e indispensable suprimir los vuelos ilícitos al vecino Estado de Haití, como una manera de privar a los carteles de ese territorio que, como expresara al principio, desde los tiempos de  Duvalier ha estado sirviendo de escenario para todas las inestabilidades y debilidades a que ha sido sometido el hermano pueblo, al grado de que su propio ejército resultó disuelto.

Ahora bien, al enfocar un último curso de acción recién  abierto, desembozado, no debo omitir que nosotros acabamos de tener una experiencia crítica en el orden político.  Se hizo muy evidente, como jamás había sido, que Carteles mexicanos impulsaron y patrocinaron en forma considerablemente abierta a fuerzas políticas en el recién pasado proceso electoral que, de haber triunfado, se hubiese constituido aquello en un dominio espacial  sobre  el territorio merced a una voluntad política superior “predispuesta a no entender”. Esto, sumado al control que tienen los Carteles de los espacios del vecino Estado del oeste, hubiese resultado una desgracia para todos, dado que la droga que pasa por la isla o bien va a Norteamérica, o viene a Europa, con los perjuicios que ésto entraña.

Pienso que este esfuerzo del Mecanismo de Coordinación y Cooperación en Materia de Drogas (UE-CELAC) es muy valioso y que nos corresponde a todos desempeñar tareas intensas y mancomunadas, porque somos los actores naturales de este drama y es algo que nos exige brindar nuestros propósitos de cooperación y aumentar los grados de solidaridad y apoyo, que en el marco jurídico internacional están previstos y pautados, de manera cada vez más enfática y puntual.

Es de toda lógica, claro está, que la Unión Europea, como macroobjetivo del Crimen Organizado, por sus atractivos desdichados originados en la demanda enriquecedora en los niveles más altos de los precios de la diabólica mercancía, debe de participar, como en efecto lo viene haciendo, en todos los aspectos de los acuerdos protectivos y defensivos que están en curso.

Este Mecanismo de Coordinación y Cooperación en Materia de Drogas (UE-CELAC) y específicamente esta Reunión de AltoNivel de Mecanismos de Drogas (RAN), es el mejor escenario para nosotros decir que necesitamos que Unión Europea, mediante una estructura de asistencia más copiosa y sistemática, nos establezca, de ser posible, otra pro-tutela logística.  No le temo a la solicitud porque estoy convencido de que se trata de intereses comunes muy sensitivos.

Precisamente para librar batallas como ésta, y voy resumiendo el final,  nosotros hemos consagrado en nuestra Constitución del año ´10, bajo la rúbrica de Fines de Alta Prioridad Nacional, en sus Artículos 259 y 260, acápite Primero, lo siguiente:  

“Artículo 259.- Carácter defensivo. Las Fuerzas Armadas de la República, en el desarrollo de su misión, tendrán un carácter esencialmente defensivo, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 260.”

“Artículo 260.- Objetivos de alta prioridad. Constituyen objetivos de alta prioridad nacional: 1) Combatir actividades criminales transnacionales que pongan en peligro los intereses de la República y de sus habitantes; “

Sin embargo, para hacerles una prueba muy elemental de las distorsiones contradictorias en las que podemos estar atenazados, voy a transcribir el Articulo 2 del nuevo Código Procesal Penal que se pusiera en vigencia en nuestro medio al adoptarse el sistema adversarial acusatorio y abandonar lo inquisitorio que mantuvimos por largo más de un siglo, proveniente de la legislación francesa:

“Art. 2.- Solución del conflicto. Los tribunales procuran resolver el conflicto surgido a consecuencia del hecho punible, para contribuir a restaurar la armonía social. En todo caso, al proceso penal se le reconoce el carácter de medida extrema de la política criminal.”

Si se hace un examen de la asimetría de los énfasis del Estado nuestro frente al fenómeno criminal del narcotráfico, contrastando los dos artículos transcritos (el marco constitucional y la derivación adjetiva), habrá que hacerlo ponderando que ese garantismo, tan hermoso como peligroso de la justicia alternativa, que conduce al ideal de que el evento penal sea lo último a lo que se deba recurrir y que se habrán de agotar todos los esfuerzos para el restablecimiento de la convivencia social armónica como cuestión fundamental, no puede convertirse en un estímulo rotundo a la más insolente y generalizada impunidad.

Uno se pregunta: ¿Podrá alguien decirnos de qué modo un medio social como el nuestro podría intentar tan brillante meta frente al Crimen Organizado y la labor incesante de sus bandas organizadas?   Me permito dudarlo.

Es conveniente apuntar que nuestro caso es bien peculiar en razón de tener más de un millón de nuestros nacionales establecidos en los Estados Unidos, así como cientos de miles radicados en Europa, El Caribe y América del Sur, por lo que necesitamos un sistema más eficaz de información compartida y de asistencia recíproca en lo judicial y en lo criminalístico.

Este es un aspecto para nosotros, los dominicanos, de extrema importancia, por lo que todas las prácticas de deportación de nuestros nacionales, particularmente aquellos condenados a penas parcialmente cumplidas, son las que están abriendo posibilidades más peligrosas de toma de espacios mediante la infección desastrosa de organizaciones políticas tradicionales, al través de los diversos movimientos de apoyo externo y de alianzas evidentemente capciosas en las lides electorales que pueden alojar disimulaciones muy hábiles.

Se nos dirá que en estas consideraciones hay aspectos que corresponden totalmente a los fueros de nuestra soberanía; que, por consiguiente, son parte de nuestra agenda de gestión pública.  Sin embargo, frente a tales observaciones, respondo que estoy convencido de que la etnia criminal vastísima y de gran adiestramiento del Crimen Organizado, obliga a los Estados a acoplar apretadamente sus iniciativas y esfuerzos, buscando hacer la resistencia al crimen cada vez más uniforme y compacta, en capacidad de contribuir al desmantelamiento de todas esas redes que se saben tejer entre droga, política,  economía y sociedad.

Si perdemos de vista, pues, que la lucha de que se trata es un problema de disputas por espacios, difícilmente podremos alcanzar niveles satisfactorios en la reacción de las sociedades nuestras buscando proteger y preservar su sistema de valores establecidos.

Concluyo, como invariablemente hacemos los abogados, sugiriendo algunas cosas, a mi modo de ver indispensables para impulsar la eficacia de nuestros esforzados propósitos:

La interdicción de droga de los vuelos ilícitos hacia Haití puede ser gestionada, bien como una ampliación del mandato de ONU, necesariamente transitorio, ora como cosa pautada en un convenio regional multilateral, con la participación fundamental de su gobierno, particularmente destinado a ser el marco jurídico de las tareas interagenciales en el Caribe.

 

  1. Revisar y lubricar todo el estatuto de la política de Extradición; propugnar por la creación de establecimientos penitenciarios manejados bajo patrones de dirección internacional para la terminación del cumplimiento de penas, evitando así la recirculación de agentes delictivos capaces de aumentar la eficiencia de sus operaciones en base a las propias riquezas adquiridas y mantenidas con desafiante seguridad.

 

  1. Es establecimiento de Rayos X de alta resolución y de última generación en los puertos y aeropuertos a fin de reducir al mínimo el carácter aleatorio del control.

 

  1. El proveimiento de recursos apropiados para la obtención de lanchas rápidas en capacidad de resultar efectivas en la caza de naves dedicadas al acarreo de las drogas ilícitas hacia las costas, tanto de República Dominicana, como de Haití; no sin agregar a todo ello la necesidad del financiamiento de radares de superficie y equipos de detección y de navegación suficientemente avanzados, para contrarrestar el siniestro ingenio del Crimen Organizado para el acarreo de sus drogas por la mar.

 

  1. Un sistema de comunicaciones común, así como el entrenamiento de operadores de la ley, para propiciar mejoramientos de todo el sistema de inteligencia sofisticada que permita identificar, no solo la ocurrencia de hechos criminales, sino también la conformación de mecanismos y estructuras alojados en la sociedad tendientes a darle albergue a las tramas del Crimen Organizado, cuyas estrategias son más preocupantes que sus operaciones tácticas del día a día, tan desquiciantes y sanguinarias.

Todo ésto es mi testimonio, que no deja de ser una honrada y sincera exhortación a los representantes de tantas naciones agredidas y turbadas por el crimen, aquí reunidas.  Muchas Gracias.”

Creo que con esta parte última de la Conferencia, tantas veces aludida, he podido cumplir con mi interés de hacer reconocer el grado de legitimidad de mis alegatos, en cuanto a que desde hace mucho tiempo, y desde escenarios bien diversos, he abogado, al menos, bajo una inspiración seria y comprometida.

En la próxima entrega de La Pregunta me propongo hacer algo similar en el sentido de reproducir otra Conferencia de mucha importancia que tuviera a bien dictar en el “Segundo Symposium contra el Narcotráfico Marítimo en el Continente Americano”” celebrado el 29 de junio del año 2010.  Ya veremos.

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