Mis Advertencias Globales I

Es inútil esperar que habré de rendirme; cuantas veces puedo se lo confieso a mis amigos, que no hay que hacerlo frente a mis adversarios porque ya bien me conocen y creen tenerme probado.

En La Pregunta precedente me refería a mis advertencias acerca de los peligros del Crimen Organizado infiltrándose en todos los espacios de nuestra sociedad.

Me vi precisado en mi programa La Respuesta a responder a las afirmaciones de un importante oficial de interdicción de drogas norteamericano, Director del DEA en New York, las cuales fueran vertidas en una entrevista que le concediera al diario El País de España.

Al reaccionar frente a la imputación tan exagerada de que el gentilicio dominicano ya es equiparable con el de mexicano y colombiano en el campo de la droga, porque los dominicanos han propiamente derrotado a la Cosa Nostra arrebatándole un tercio del mercado de la heroína de New York que le proveen los carteles de México , al reaccionar , repito, contra esa capciosa y abusiva afirmación, tuve que hacer en cierta medida alarde justificado de lo que ha sido mi trabajo en esa área tan sensitiva, así como asegurar que mis advertencias habían sido, no solo propias y locales, sino regionales y hasta globales, sin haber sido oídas en ninguno de esos ámbitos.

Hacer afirmaciones tan desafiantes como esas últimas, me obliga a utilizar La Pregunta para ir ofreciendo pruebas documentales de que mis manifestaciones no fueron baladronadas, sino más bien un testimonio serio acerca de trabajos arriesgados e importantes que me ha correspondido realizar en mi vida pública, en ocasión de las cuales pude hacer advertencias severas a los más altos niveles donde se libran las luchas de la humanidad frente a ese nuevo “”azote de Dios””, que no otra cosa es el fenómeno criminal como Atila.

Así pues, hoy entrego la primera parte de mi conferencia en la “XVI Reunión de Alto  Nivel del Mecanismo de Coordinación y Cooperación en Materia de Drogas (UE-CELAC) celebrada el 4-5 de junio de 2012 en Bruselas, Bélgica”.  El título de mi conferencia es el siguiente:  “Narcotráfico.  Sus hábiles cursos de acción y las políticas públicas regionales”.

Cito:

“Agradezco la gentileza de los organizadores de este importante evento, que me han dado la oportunidad de hablar; lo haré desde ideas y convicciones oriundas de dos litorales:  el geográfico y el profesional.

Cuanto exprese, pues, estará condicionado por esos dos factores.  Confío en que este modesto esfuerzo pueda resultar de alguna utilidad en el seno de este Mecanismo de Coordinación y Cooperación en Materia de Drogas (UECELAC). 

Les prevengo que su contenido de testimonio se sustenta en vivencias honradas de bregas dramáticas de la vida pública de mi país, situado en el centro mismo del Caribe.

Pues bien, el hecho de ocupar la tribuna penal desde los 23 años me mantuvo muy adentro de los ámbitos intrincados del crimen tradicional, cuya comprensión y tratamiento se  alcanzan, todavía, al través del uso de las nociones del Derecho Penal, la Criminología clásica y las propias normas procesales penales. 

Sin embargo, a partir del año 1957 comencé a tener noticias concretas y palpables de que en la parte oeste de la isla de Santo Domingo, en el vecino Estado, así como en la Cuba pre-revolucionaria, se venía estableciendo una presencia criminosa  de índole desconocida hasta entonces en la región.

 Fue bien obvio su modus operandi durante el gobierno de Batista en Cuba, como en el régimen de Duvalier en Haití.

 Intuí que esa etnia criminal que se venía derramando exigiría  para su comprensión del manejo de disciplinas que irían más allá del Derecho Penal y la Criminología tradicional; que  terminarían por imponerse preocupaciones de geopolítica criminal, que harían necesario conocer y ahondar en las más vastas nociones de la sociología criminal.

Es decir, que el inveterado conflicto del Derecho Penal de los hechos vendría a rezagarse en su eficacia y que  el crimen de trama y pertenencia a estructuras organizadas vendría a ser imperante.  Esto, de tal modo, que los medios sociales sufrirían ataques de opresiones horizontales y generalizadas, más o menos visibles, en capacidad de desestabilizar las instituciones, turbar la paz e introducir prácticas y componentes muy corrosivos en las costumbres.

Así fue como comencé a pensar en el trastorno que podría llegarnos, algún día, una vez cesara el sojuzgamiento político  que yugulara nuestras libertades por casi un tercio de siglo, hasta el año ´61. 

 Se sospechó que la democracia y las libertades públicas, tan necesarias para el verdadero desarrollo, podrían acarrear algún grado de peligro si esas fuerzas de mafias criminales lograban aposentarse mediante la insidiosa infiltración que caracteriza al Crimen Organizado, cuyas tramas y maquinaciones, inmateriales, inasibles y gaseosas, pasan a ser inadvertidas, mal percibidas, nubladas si se quiere por la violencia sanguinaria de sus hechos.  Algo que se encargaría de extraviar a la autoridad y a la ley, que persistirían en los patrones y predicamentos tradicionales atinentes al hecho  criminal individual.

Naturalmente, aquella percepción primaria me condujo a entender que se enarbolaría el palio de las garantías individuales, de los derechos humanos y fundamentales, de las implicaciones del debido proceso, que tanto favorece el fortalecimiento del estado de derecho; que, asimismo, el garantismo indispensable y generoso de éste podría enviar un estimulante como equívoco mensaje al crimen, que terminaría por despreciar el juicio penal ordinario tomándolo como un insulso pasatiempo de la sociedad, ingenioso y divertido, claro está, premunido el crimen de las vulnerabilidades de un sistema judicial lábil, inexperto y sin tradición.

Sé bien que con ésto esbozo un tema doctrinal vivamente debatido en academias y legislaciones.

 

Lo cierto es que tomó algo más de tres décadas la infiltración de los factores más invasivos del Crimen Organizado entre nosotros y en los primeros tiempos, no fue captada su realidad; aquella oscura y trágica fase de implantación del fenómeno apareció como si fuera parte de un inocuo folklore que se expresaba en el regreso de centenares de jóvenes que habían emigrado, muchas veces en condiciones temerarias, primordialmente hacia Norteamérica, dotados de recursos económicos sorprendentes.

El medio social nuestro, pues, permaneció ajeno y desprevenido en los últimos veinte años del pasado siglo y la toma de espacios del Crimen Organizado se fue acomodando a las diversas ventajas y posibilidades que le pudieran  brindar las instituciones, los estamentos de la política, los cuerpos militares y policiales, los colectivos empresariales y bancarios.

Sobre todo, no alarmó la comercialización expeditiva de activos inmobiliarios, particularmente en las áreas circundantes de costas y playas, que se ha venido a ver como una estrategia de gran alcance, muy silenciosa y efectiva.

Todos sabemos, de muchas maneras, cuál ha sido la potencia de la expansión del crimen del narcotráfico, pero es posible que algunos no tengan una noción aproximada de cómo en nuestro medio se produjo una mutación de las prácticas criminales, que han terminado por constituir un verdadero azote.

 Hasta finales de siglo considerábamos que éramos un territorio de tránsito; ignorábamos que la habilidad para invisibilizar sus movimientos ya había arrancado en su puesta en marcha; y todo ello se vino a desembozar en la primera década de este siglo, que es cuando la sociedad  cae  en cuenta de que no era episódico el excentricismo folklórico de los jóvenes nuevos ricos, sino que se estaba produciendo la apertura masiva y grave de un mercado interno de consumo generador de legiones impresionantes de adictos de ambos géneros, así como un agresivo deterioro de la  seguridad ciudadana y la paz pública. 

Hoy se podría decir, no obstante, que ya es una realidad el hecho de que se está desarrollando un estado de conciencia y alerta propicio para la organización de una resistencia eficaz, aunque estamos muy conscientes de que se ha tenido que pagar un precio muy alto en lágrimas y sangre.

Las voces de advertencias y vaticinios que se levantaran, entre las cuales estaba la mía, muy al principio de la década de los ´80, fueron desoídas y merecieron un generalizado desprecio de muchos modos.  Los medios de formación de opinión y organizaciones de la sociedad civil consideraban tales advertencias simples muestras de un alarmismo infundado, o, en el mejor de los casos, un extravagante exhibicionismo un tanto histérico. 

Aún en estos momentos, siguen desentendidos de obligaciones sensitivas, destinadas a fortalecer el ánimo público, organizando el reproche social debido.  No aparecer  víctimas qué mostrar por haber tratado el tema conforme al duro código del crimen, es harto elocuente: tolerancia  complicitaria, miedo difuso o venalidad.

Sin embargo, el tiempo ha venido a dar algo de razón a quienes produjeron las advertencias y la complejidad de la situación que estamos confrontando ya es admitida como una trastornadora fase de la vida nacional, en la que se pueden avistar signos de descomposición y disolución de imprevisibles consecuencias.

¿Cuál es mi apreciación en el año ’12 de este siglo en relación a las características y las magnitudes del trastorno, en el caso nuestro? “

Como se advierte, de la lectura de esa primera parte de la Conferencia indicada, se trata de un emplazamiento serio de todo cuanto pueda esgrimir en esta interminable y aciaga lucha frente a la cual, como expreso al principio, es inútil pensar que me he de rendir.

La próxima entrega contendrá la reproducción de las partes culminantes de esa Conferencia y, luego, algunas observaciones  respecto a cuáles fueron las reacciones aprobatorias que mereciera.

De experiencias parecidas a esa es que me sale la legitimidad de considerar mis advertencias como globales.

 

 

Advertisements

One thought on “Mis Advertencias Globales I

  1. Brillante…!

    El nov. 29, 2017 8:31 AM, “La Pregunta” escribió:

    > Dr. Marino Vinicio Castillo R. posted: “Es inútil esperar que habré de > rendirme; cuantas veces puedo se lo confieso a mis amigos, que no hay que > hacerlo frente a mis adversarios porque ya bien me conocen y creen tenerme > probado. En La Pregunta precedente me refería a mis advertencias acerca de > ” >

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s