MÁS SOBRE VENEZUELA

Esta otra entrega concierne al drama de Venezuela.  El título del articulo a reproducir es “Intereses Creados y Pobreza” y es de fecha 6 de enero del año 2003.  Catorce años es su edad, tres años menos que el tiempo de poder del chavismo. Lo que procuro con esto es hacer prueba de coherencia, de mi parte, en el sentido de que cuantas cosas pude advertir y escribir sobre ese sensitivo tema de Venezuela lo he mantenido propiamente intacto.

Partí de hacer dos entregas primarias que titulé “Caracas y mi Pálpito”.  Pálpito en el sentido de temor o presentimiento de que, algún día, sobrevendrían trastornos allá muy graves, según se podía colegir de la simple observación de Caracas y sus ranchos.

Ese contraste era una especie de placa tomográfica, cuando no de resonancia magnética, de la tremenda desigualdad entre pobreza y riqueza, tenido eso como signo claro de que la equidad y la justicia social habían estado ausentes, casi como si se tratara de una traumática contumacia.

Rogué al preguntarme: El dia que el cuartel venezolano, tan profesional como estaba hace cincuenta años, cuando conocí Caracas, se haga cargo de la desgracia de esta pobreza de tantos frente a una presencia de tanta holgura de unos pocos, ¿veremos fenomenales acontecimientos y cambios revolucionarios?

Ya en aquella ocasión recibía, después de llegar, unas opiniones de dos generales venezolanos a quienes conociera gracias a relaciones familiares, Homero y Alberto Leal Torres.

El primero, Ministro de Defensa, y el segundo, en sensitivas tareas de logística y estrategia, que me respondieran ante mis manifestaciones de elogio a la profesionalidad del cuartel venezolano, que ciertamente “eso constituía un gran mérito, pero que les preocupaba el incesante desorden escandaloso puesto de manifiesto en el quehacer político, pues era previsible que entre los cadetes, los oficiales jóvenes y soldados, surgiera la inconformidad básica que ha servido siempre de lazarillo a las más ciegas rebeldías” .

Como si estuvieran presintiendo que ya por ahí podrían andar los tenientes evocando las botas del Libertador para subvertir un orden de cosas injusto, aunque recubierto por el oropel de la democracia.

Luego se vio ocurrir cuando un teniente Chávez formara un movimiento bolivariano capaz de interceder en la suerte de la Venezuela sumergida, la de los excluidos, que es a lo que se refiere el artículo que es el invitado de esta pregunta de hoy:

INTERESES CREADOS Y POBREZA

Desde siempre se ha tenido la exclusión, como la inclusión que es su reverso, en un lugar distinguido para la explicación de conductas individuales y sociales.

Cual que fuera el ámbito en que actuara en individuo, se ha contado mucho con saber si, por el resentimiento de entenderse excluido o por la vanidad de saberse incluido, ha podido incurrir en tales o cuales acciones u omisiones.

La rebeldía social, así como la agresividad criminosa individual, los desórdenes de personalidad y los hábitos viciosos de jactancia y falsa suficiencia, siempre han sido examinados haciendo partir la observación del punto de saber en qué lado “de la cancha” estará el sujeto, individual o colectivamente.

Luce cómodo el método, aunque demasiado simplificador.  Desde luego, tiene en su favor experiencias de comprobación muy numerosas y convincentes.

Ahora cuando se desarrolla el drama de Venezuela se oyen voces muy altaneras buscando reducir la cuestión a una confrontación insondable entre incluidos y excluidos.

Se dice que son dos pueblos en paralelas los que se enfrentan.  Uno, constituido por las clases media y alta que se sienten excluidas del sueño bolivariano de Chávez, y otro, que reúne todos los más pobres que se saben incluidos en los empeños mesiánicos del singular liderato popular y militar.

Parece atractiva la tesis. Sobre todo, porque nos libera de analizar los otros componentes del conflicto que residen necesariamente en los predios de los intereses creados.  Nos excusa, según parece, recordar todas las luchas de ese generoso pueblo por su progreso en libertad, a quien se le dijo que sólo tendría lugar aquello en el marco de la democracia representativa.

Y a ello se acogió el pueblo, durante décadas, y fueron violadas y desconocidas mil promesas de los líderes y partidos políticos del sistema, que de haberse cumplido mínimamente, hubiesen servido para un real desarrollo generalizado en capacidad de evitar la inexplicable tisis de la pobreza, que es la médula de la más profunda sublevación del pueblo pobre, dados los inmensos recursos naturales con que se ha contado.

No ocurrió nada de lo prometido.  Al contrario, se cebaron los políticos y hombres de negocios en el saqueo, hasta alcanzar la más alta y escandalosa paradoja de un pueblo inenarrablemente pobre en servidumbre de camarillas grotescas de la política y los negocios, que supieron dotarse de una sofisticada y poderosa comunicación social de masas para mantener y defender el inicuo adefesio de la “democracia Venezolana”.

Se trata netamente de excluidos de los legítimos beneficios de aquellos que constituyen las mayorías del pueblo, frente a partes menores de la población, de clase media, que no les fuera tan mal como a los de abajo, cuya beligerancia ahora la motivan las élites poderosas para combatir todo eso que Chávez trae en su discurso redentorista.

¿Chávez es sólo Chávez?  ¿No hay, acaso, una dimensión más profunda en las entrañas de una Venezuela excluida y frustrada por el crimen?  ¿No será esto lo que mantiene una unidad asombrosa entre el pueblo de los cerros y el pueblo de los cuarteles?

La realidad es que Chávez ha dado lecciones memorables de democracia en el mejor sentido de la palabra.

No ha dado señales de las muy típicas y conocidas del despotismo, que Venezuela ha sabido padecer.

Sus palabras, no hay dudas que inquietantes, se reducen a describir anhelos públicos que fueran secuestrados por décadas, cuando la insolencia de los venezolanos más aptos para el robo avergonzaron a su pueblo ante el mundo excluyéndolo de la participación en todo intento verdadero de progreso colectivo.

Ha sido, pues, obra directa de la corrupción y el crimen económico, de todo pelaje, la pobreza recrecida del pueblo que inició su desencanto con el sistema de partidos políticos cuando eligió con “fuerzas sueltas” a un Caldera valetudinario, que no podía por esa y otras razones evadirse de la camisa de fuerza del “mecanismo rector” de la política y la comunicación de Venezuela.

Chávez emergió como una acentuación del desencanto y practicó en las instituciones la cirugía mayor del cambio de la constitución y asumió, de forma pintoresca, su propia defensa, sabedor de que si dejaba en manos de la prensa el relato de los hechos en muy poco tiempo lo deformarían hasta hacerle desaparecer.

Es ahí donde se encuentra el nivel más sensible del trastorno.  Chávez le tomó la palabra de los cambios políticos, de verdad, lo que ha enfurecido a quienes hicieran el monopolio de esa palabra de los cambios en democracia, de mentira.

La clase media verdaderamente puede sentirse amenazada de exclusión porque no es protagonista de los cambios prometidos a los de abajo, que los esperan dentro de libertades públicas notables, con la garantía del cuartel solidario con su causa.

Ha sido enorme la demostración de poder de quienes han llegado hasta a comprometer la estratégica riqueza petrolera en la parálisis.  La respuesta no ha sido menos imponente y el pueblo luce dispuesto a todo, a todo, con tal de mantener la esperanza.  Conoce demasiado el otro camino, que fuera abandonado.

Resalta en medio de esa prueba de fuerza que son pocas las bajas y que el gobierno se empeña en ser mucho más democrático que quienes le quieren derrocar.  La guerra civil se emboza y nadie duda de su inminencia siniestra y artera.

Venezuela ha tenido plumas insignes que han narrado y novelado su pasado.  Los venezolanos saben de ello, se conocen y saben que tienen motivos sobrados para contenerse, ante el baño de sangre que ha sido tan trágico entre ellos.

Conocen las durezas posibles, que han servido, a veces, para la gloria, y otras para la ruina.  Tales con las lecciones de Páez o de Boves.

Recuerdan perfectamente a Crespo, Mocho Hernández, Cipriano, Gómez y están convencidos de que, si se abate la fatalidad de una guerra, terminaría el pueblo sin tiempo ni razones para detenerse a comprobar quién fue excluido o incluido.

Basta al venezolano retener lo escrito por Uslar y Herrera Luque, para solo citar dos de sus eminencias, y esto les hace sentir su índole sumergida de violencia sin par.  Ojalá este freno psicosocial, a grupas de la historia, contenga la desgracia que todos tememos y oramos porque no sea.

La única y mayor sombra seguirán siendo los intereses creados, que no son susceptibles de enmiendas cuando de ellos se trata.  Pobreza e intereses creados.  He ahí el drama.  Nadie lo dude.”

Les aconsejo, pues, al tiempo que les ruego comprensión, en cuanto a que mis vaticinios se han venido cumpliendo y las dos Venezuelas, superpuestas horizontalmente, que fueron separadas, hoy se encuentran verticalmente enfrentadas:  la primera, la sumergida, que se mantuvo tanto tiempo bajo el descuido despectivo por su suerte de la clase dominante y los partidos políticos, muy excluida; y la otra, superpuesta, muy opulenta y segura de su desarrollo y destino.  La excluida, abajo, ha recibido beneficios sociales, económicos y de todo género que no se siente ya excluida.  En cambio, la otra, sí experimenta la angustia de la exclusión, pese a las riquezas de sus capas superiores, pues se entiende que el proceso público le ha segregado.

Optó esta última por apelar a una coronela tremenda en las guerras llamadas de baja intensidad como es la economía y apretó todas las presiones y maniobras para su descalabro, porque sólo así podía volver al poder aprovechando el fracaso del sistema centralizado del socialismo del Siglo XXI.

Por ello ganó elecciones nuevamente y alcanzó su asamblea nacional de control mayoritario.  La otra, en cambio, desde el poder responde con sus apelaciones incesantes al “Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías” para llevar a cabo una nueva prueba popular que le permitiera agenciarse otra asamblea, pero de carácter constituyente. Y por ahí vienen todos los sucesos de los últimos tiempos que han sabido poner al mundo en ascuas.  Falta por saber cuánto durará la blindada unidad militar para que la tragedia de la guerra civil asome su ensangrentada cabeza.

Veremos en otras tres entregas venideras otras perspectivas que encierra el conflicto, artículos cuyos títulos son:  Chávez y el Iter Criminis; Lula y Chávez y nuevamente, en su tercera entrega Ampara Señor a Venezuela.  Veremos.

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