El Testigo de la Reina II

Tal como prometiera en la entrega del miércoles pasado de La Pregunta, me dispongo a insistir sobre el tema del modo siguiente:

En Italia se puso gran caso estatal a los llamados “arrepentidos”, capaces de revelar muy a fondo la composición y el modus operandi de las Mafias, que son las muestras más importantes del crimen de bandas y de grupos organizados.

En Estados Unidos se hizo memorable asimismo el caso denominado “Los Papeles de Valacci”, que sirvieran para demostrar en profundidad la existencia misma y la dinámica de las mafias norteamericanas, que se había venido negando o disimulando durante las décadas del control de Edgar Hoover sobre el FBI.

En los análisis que se emprendan, desde luego, lo que se hace necesario es oponer algunas severas reservas acerca de la eficacia de la “Delación Premiada”, a fin de determinar cuándo puede convertirse en una práctica viciosa y degradante, aunque ofrezca tantos componentes sensacionales para la excitación pública.

Por ejemplo, se da el caso de que la acusación proveniente de un co-acusado contra otro en las reglas del procedimiento moderno no tiene valor probatorio directo.  Podría influir, quiérase o no, en la formación final de las convicciones de jueces y jurados, pero sólo hasta ahí, nada más.

Entonces, surge la pregunta, ¿por qué tiene tanta importancia la “Delación Premiada” cuando se produce antes del juicio o en el tramo de la investigación a cargo del Ministerio Público?  Se me dirá que no hay porqué preocuparse, pues, en todo caso, será un juez el encargado de homologar el acuerdo entre el reo “delator” y el titular de la acción pública.

Sin embargo, ésto no bastaría para despejar la espesa sospecha de que la “Delación Premiada” pueda obedecer a otros designios y propósitos, por lo que se hace necesario para admitirla hacer una exploración y cotejo muy rigurosos del contexto de circunstancias que pueden estar gravitando sobre la causa misma.

Muchas veces, cuando se trata de acciones que no corresponden al ámbito de los llamados “delitos de conciencia”, es decir, que no tienen inspiración directa o indirecta en la ideología política y, por el contrario, son netamente pertenecientes al submundo de la criminalidad ordinaria, resulta imprescindible poner gran cuidado al uso de la “Delación Premiada” porque haciéndola provenir de una de esas “bestias” para darle un uso con fines político-sociales de índole diferente no cercano de los hechos que constituyen el núcleo del conflicto penal, es previsible  que la experiencia se corrompa  por la bajeza de los fines que pueden ir, no necesariamente a considerar a un tercero incluido en la conjura bajo apercibimiento penal, sino lisa y llanamente para producir daños de otra naturaleza, especialmente relacionados con su participación y vigencia en ese otro ámbito siempre importante de la lucha por el poder.

Extinguir un prestigio de alguien mediante paga de la “Delación Premiada”, no de un inculpado simplemente, sino de un condenado, a penas cumplidas o por cumplir, es un riesgo enorme del mecanismo probatorio, del cual se tratará en la tercera y última entrega de La Pregunta el próximo miércoles.

Ahora mismo, Brasil puede que ofrezca una de las muestras más espectaculares.  Algo digno de estudio por sus alcances, la naturaleza y confiabilidad que se le puede dar a esa “Delación Premiada”.

Vista la situación de allí, a grandes rasgos, lo que ha ocurrido es que para perseguir el desalojo de la presidencia de Dilma Rousseff se tuvo que agotar el proceso previo del tratamiento parlamentario bajo el esquema de Impeachment, Juicio Político, para luego abrir las posibilidades de lo que habrá de devenir en el juicio penal definitivo que está por suscitarse.

Ahí ha estado el epicentro de un verdadero terremoto político-social de alcance transnacional y quizás el más sorprendente de los rasgos del escándalo resida en que el presidente de la Cámara de Diputados, cabeza de la persecución en el Impeachment, terminó por caer de forma escandalosa en las redes de la justicia penal obedeciendo a cargos más graves de los que había enarbolado, en principio,  para perseguir la destitución de la Presidenta.

Claro está, es bueno apuntar y reconocer que la estructura judicial en forma incesante ha estado abriéndoles juicios penales a decenas de funcionarios, tanto del Estado como de las empresas constructoras mayores de aquel país, utilizando el palio del uso de la “Delación Premiada” a mansalva.

Según se advierte en todo ello, el eje ha sido el papel del “Testigo de la Reina”, encargado de destruir desde las fauces de aquellas macroempresas de la construcción y del petróleo a la maltrecha clase política brasileña con repercusiones tan vastas que ya alcanzan más de diez Estados que han quedado bajo los efectos de ese fenómeno con características de ébola en base a sobornos, sobreprecios, licitaciones amañadas, pago de campañas electorales y de un sinfín de prácticas delictivas.

Ahora bien, también así es como se desperezan otras sospechas mayores que se podrían resumir en la siguiente meditación: Una vez Brasil quede arropado por la epidemia de ébola subsecuente a su terremoto de corrupción, ¿sería posible proponer o mantener a esos políticos en la palestra pública en calidad de cabezas de un aguerrido partido político del cual son candidatos previsibles y esenciales? ¿Cuáles serán los efectos en la implementación de la vigorosa experiencia de las economías emergente de los Brics?

En fin, otras muchas interrogantes se levantan en esa tormenta que mueven a la preocupación y al sobresalto de tener que controlar con gran cuidado los ingredientes de otro género de corrupción, ya no tanto como menester del poder nacional solamente, sino más bien de los intereses más poderosos de la tierra de naturaleza supra-estatal, transnacional.

Observaremos lo más de cerca que resulte posible esta monumental experiencia de los escándalos brasileños atentos al papel desempeñado de muchos “Testigos de la Reina” que han ofrecido ese servicio, que no deja de ser eminente, según parece, frente a las exigencias éticas de rectificación; desde luego, sin descuidar otros provechos no recomendables que vengan a matizar esos señalamientos criminosos en base a perseguir otros fines menos honorables.

Ahora bien, muy por encima de las consideraciones aparecidas en el artículo precedente y en ésta, sobreviene la cuestión de saber o determinar si la negociación intervenida entre el Ministerio Público y el o los delincuentes, en la justicia ordinaria, les ofrece a éstos una nueva dimensión de importancia en el proceso penal, como para considerarlos auxiliares respetables de justicia.

Ciertamente, en esa experiencia de trato se genera una especie de nuevo funcionario de las indagaciones que pasa a reducir la importancia misma del Ministerio Público, que ha decidido transitar por el atajo de la “Delación Premiada”.

En efecto, ocurre que aquel principio del Estado, consintiendo por razones de conveniencia y oportunidad rebajas del castigo o perdones a aquellos que se conjuraron para atacarlo, ya no tiene las motivaciones originarias, sino que han surgido centenares de nuevas motivaciones que hacen perder la majestad del juicio penal, que debería quedar a  cargo de magistrados, que dirigirían absolutamente todo lo que se presente en procuración de la verdad, en nombre y representación de la República, según dirán las sentencias a dictar “en su nombre y por autoridad de la ley”.

El próximo miércoles, en la tercera parte final, se verterán consideraciones  sensitivas sobre el tema.

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One thought on “El Testigo de la Reina II

  1. Dr. Castillo… Justamente; se trata de un entramado tan complejo que nunca se podrá saber a ciencia cierta, en donde comienza la conspiración… y en donde el conato de justicia. Ahora… pudiéramos establecer un símil, entre lo que está ocurriendo, y… la mítica “Hidra de las siete cabezas”… (Por cada cabeza cortada… surgen dos más, haciendo prácticamente imposible su exterminio). La corrupción luce imbatible, ante la poca efectividad de los instrumentos dispuestos para su combate. La soga no solo rompe por lo mas delgado… sino, que también… nadie dispone soga para su cuello… claro, al menos que tenga vocación suicida!

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